A opinión dos docentes...non conta?

8 oct 2021

Manuel Menor publica o ensaio Modernizar la educación de todos



Manuel Menor: “La enseñanza actual promueve la segregación y la exclusión"

Ainhoa Grandío

Este experto en educación acaba de publicar el libro Modernizar la educación de todos, ¿después de la covid-19, qué?, de la editorial Mundiediciones

“En España se plantean modelos de currículo educativo tecnocráticos, preocupados por rendimientos escolares dirigidos al mundo laboral y a la productividad económica que provocan más desigualdad”. De esta forma se refiere Manuel Menor a las políticas de educación en su último libro, Modernizar la educación de todos, ¿después de la covid-19, qué?, de la editorial Mundiediciones. Licenciado en Historia y doctor en Ciencias de la Educación, Manuel Menor cuenta con años de experiencia en enseñanza, a lo que se suma la publicación de múltiples libros y artículos sobre el tema. El escritor, docente y columnista de MUNDIARIO, presenta en su libro un análisis concienzudo del sistema educativo español y las políticas que lo perfilan. Desde la historia de la educación española, hasta las políticas de la actualidad, como la LOMLOE, Modernizar la educación de todos aporta una visión global de la enseñanza española. A todos esos temas hace referencia en esta entrevista.






Hablemos un poco de su trayectoria, usted ha sido docente durante más de 30 años, ¿cómo cree que repercute esa experiencia en lo que escribeEn la práctica, trabajé bastantes más años, pues antes de 1977 ya había andado mucho por la enseñanza privada. En general, a los docentes se nos nota que lo somos por la obsesión que tenemos en mirar el mundo desde la óptica de lo que hemos detectado en nuestro trabajo. Cuando escribimos o hablamos, no es infrecuente que tratemos de convencer a otros de que la Educación es central en la vida humana, su núcleo como ser cultural que diferencia a los humanos en la Naturaleza. No es algo original; en la Política  de Aristóteles, esta idea ya aparece muy desarrollada.

– En sus años de docencia, ¿cuál fue el mayor problema que encontró en el sistema educativo español?

– No es fácil establecer una jerarquía entre los muchos problemas que he podido ver, sufrir o estudiar; hacerlo implica una valoración que no es sencilla de explicar razonadamente y sin componentes muy subjetivos cuando es este un campo en que todos saben mucho por propia experiencia, pues entre los ciudadanos de hoy -salvando las cohortes de edad más avanzadas- no hay quienes no hayan tenido acceso al sistema escolar. De todos modos, desde mi discutible opinión, creo que el gran problema del sistema educativo español es que han sido muy escasos los momentos y personas -poco el peso de quienes lo intentaron, o escasa la continuidad de la coyuntura histórica favorable- en que se haya querido hacer de verdad que todos los españoles tuviéramos una educación seriamente democratizadora. Esta sería la causa de muchos otros problemas en el desarrollo del sistema, en los recursos de que dispone y en la formación los docentes que trabajan en sus aulas. Dicho de otro modo, que lo que nuestra historia educativa muestra acerca del aprecio que, como país, mostramos al tiempo y espacio escolares de todos, ha sido corto de alcance; todavía hoy -en las decisiones que se adoptan desde las instancias políticas- cuesta reconocer: verdadera ansiedad por desarrollar de modo consistente y democrático este derecho constitucional tan principal para las vidas de todos.

– Ha dado clase tanto de forma presencial como no presencial, ¿cómo valora cada modalidad?

– La forma no presencial apenas la he rozado, aunque sí la he padecido, pues fui de los que sufrieron un año de Universidad cerrada al final del franquismo; pese a lo nefasto de aquella decisión, fue aquel, de todos modos, un año fantástico por lo mucho que aprendimos del trabajo colaborativo entre colegas estudiantes y algunos profesores que se arriesgaron a ayudarnos. Mi corta experiencia en este terreno tiende a calcular el coste y el beneficio de ambas modalidades desde este punto de vista. Soy consciente, sin embargo, de que desde la perspectiva de los intereses contrapuestos que gravitan hoy sobre esta disyuntiva, van encaminados hacia otro tipo de rentabilidades que no son exactamente las que interesan a la buena educación de los adolescentes y jóvenes de hoy. Hay, por otro lado, otros imponderables que no suelen tenerse en cuenta cuando se deciden estas fórmulas de docencia, y es que, por desgracia, muchos de ellos no van a tener el soporte del capital cultural familiar indispensable que sitúe a todos los chicos y chicas en igualdad. Este panorama segregador existe, es más grave en las etapas escolares, pero prosigue en el desarrollo de los estudios universitarios de los que, muy diferencialmente de entrada, pueden acceder a ellos. Uno de los sectores en que más se ha desarrollado es precisamente en el universitario, donde la enseñanza online se está extendiendo ampliamente, a causa de las rentabilidades económicas que genera a sus plataformas, pero no porque mejore la relación que una buena enseñanza presencial consigue en el trato social y las percepciones que la acompañan.

POCO SE COMPRENDE Y SE MEMORIZA SI NO SE HA DESPERTADO EL ANSIA DE CONOCER Y SABER

– Hablemos de su libro: Modernizar la educación de todos. ¿Cuál es el mensaje central que quiere comunicar con su obra? 

– Al tratarse de una selección de las columnas de opinión que he escrito en MUNDIARIO en el transcurso de esta pandemia, he tratado de relacionar las pautas que generaba la covid-19 con las noticias que, en paralelo, mostraban la educación social que tenemos y las que provenían del complicado desarrollo de la educación reglada con que contamos, con sus vaivenes alternantes. Si las reflexiones que he hecho en alto, al hilo de los hechos, ayudan a alguien a darle vueltas y que su propia conversación con otros tenga coherencia, habrá merecido la pena: estaremos en camino de modernizar lo que tenemos.

– Una de las cosas en las que hace hincapié en Modernizar la educación de todos, son los cambios que la “nueva normalidad” ha impuesto sobre la docencia. ¿Cómo valoraría la gestión que se está haciendo a nivel político de la enseñanza postcovid-19?

– Todo este tiempo, no solo el que se llamó “nueva normalidad”, ha tenido incidencia principalmente en la docencia; no tanto en la enseñanza, que abarca muchos más elementos determinantes del sistema educativo. Uno de los más destacados ha sido el valor y compromiso de los docentes con su alumnado: el esfuerzo por atenderles, por que tuvieran lo que hacía falta para salir adelante pese a los problemas organizativos, su salvaguarda de las normas de salud, ha sido tan positivo que superó con creces el desafío que suponía. Es una muestra, además, de dónde está la clave de una buena educación para todos: en el cuidado que se ha de tener en que maestros y profesores se tomen las cosas en serio, y que tengan lo indispensable para que ese trabajo merezca la pena; se trata de algo que no puede quedar en puro voluntarismo. Otra muestra importantísima, que debiera quedar bien clara para cuantos deseen una “modernización de la enseñanza para todos” -y no solo para un selecto grupo privilegiado-, es que la ratio o proporción de alumnos por aula debe ser otra. Incluso con pandemia, los resultados puramente cuantitativos fueron mejores que en la crisis de 2008. En este sentido, es curioso que, en bastantes comunidades autónomas, tan pronto como intuyeron que la “normalidad” de este curso iba camino de ser la de antes de la pandemia, redujeron el número de docentes que habían contratado; más que “modernizar” parece que desearan un statu quo desigualador, que repitan en la escuela lo que un tercio de niños y niñas llevan a ella desde antes de nacer: segregación y exclusión.

– Siguiendo con la línea de los cambios promovidos por la pandemia, se ha experimentado una modernización forzada a nivel de las TIC en el Estado, ¿cuál es su valoración del nivel de alfabetización digital en la enseñanza española? ¿Podríamos estar ante alumnos con más cultura digital que los profesores?

– Bueno, mi concepto de “modernización”, como puede leerse en alguno de los artículos seleccionados en este libro, no consiste estrictamente en que con introducir las TIC en clase ya está. Las TIC son un instrumento relativamente nuevo, muy interesante y con gran vocación de presencia en todo tipo de centros educativos, pero también pueden usarse en sentido muy contrario al que debe implicar la voluntad de “modernizar” el sistema en cuanto al funcionamiento de unos procesos de enseñanza-aprendizaje adecuados a las necesidades actuales. Lo que me pregunta, entiendo que tiene que ver con una situación de transición detectada desde que, en los años noventa, las TIC entraron de lleno en nuestras vidas: en los colegios, escuelas e institutos se producen desde entonces situaciones similares a las que se dan en todas las familias. Es verdad que va algo lenta su aceptación por parte de algunos profesores, pero cada vez es más anecdótica. De todos modos, más que culpabilizarles a ellos, estos casos debieran llevarnos a reflexionar sobre el interés que hayan tenido las Administraciones en que el profesorado -todo el profesorado- tenga una formación adecuada a las duras exigencias de atención que deben a su alumnado.

– ¿Cree que priorizar la memorización en lugar del aprendizaje de herramientas de comprensión y conceptos es el problema fundamental en el enfoque del sistema educativo?

– Soy de una generación en que, por muchas razones que no tienen que ver con tópicos, nos obligaban a recitar de memoria y, además, en un castellano que los que procedíamos de la España hoy vaciada, nos costaba entender. Soy plenamente consciente de la pérdida de tiempo en que nos metieron con aquella manía, pero no desprecio la memoria, ni creo que deba desdeñarse su utilidad. He vivido muy de cerca también los problemas que genera el Alzheimer y puedo decir que la memoria -entendida en un sentido amplio- desempeña en el funcionamiento de nuestra vida un papel fundamental. No veo, pues, por qué ha de entrar en conflicto con la otra opción, previa y no menos importante, de comprender. Creo, de todos modos, que la clave de toda educación que merezca la pena es previa al desarrollo de estas dos facultades: poco se comprende y se memoriza si no se ha despertado el ansia de conocer y saber, y si no se han desarrollado medios para que el alumno o alumna investigue y descubra; también es verdad que nada de eso merece la pena si lo que se propone averiguar en todo el proceso es penoso y no merece la pena por insignificante u obsoleto. Este es el gran reto de una modernización de una escuela de todos y para todos.

– En el informe PISA, España continúa situándose por debajo de la media, ¿qué cree que es lo que frena a España a la hora de mejorar esta puntuación?

– Tengo dos o tres amigos que son grandes expertos en las estadísticas educativas y, concretamente, en los Informes PISA; uno de ellos incluso ha escrito un libro muy crítico que titulaba: La inutilidad del Informe PISA; merece la pena para ver si es o no de interés este Informe que tanto suele servir para distraernos de lo principal. Es como si del deporte solo nos interesara saber quiénes son los campeones de la liga, pero no nos importaran otros aspectos. En Educación, como en muchos otros asuntos valiosos, lo menos relevante es el ranking comparativo que, por otro lado, suele ser de nulo interés para el común de los mortales: las condiciones de Japón o Finlandia son poco comparables con las españolas. Las variables que suele medir este Informe son las que suelen interesar a una institución eminentemente económica como la OCDE, su patrocinadora, pero haríamos bien en sacarle partido a las condicionantes del sistema que muestra, que son muchos. Bastantes de ellos son los que nadie parece querer escuchar; por ejemplo, la enorme desigualdad interna que enseñan los datos de estos informes, y más si se contemplan desde el primero que hizo esta organización antes de la Ley General de Educación de 1970, al permitir observar los desajustes entre los elementos estructurales que tiene nuestro sistema educativo todavía hoy, después de más de cincuenta años.

– Usted habla de los cambios motivados por la LOMLOE en su libro Modernizar la educación de todos, pero también habla de que, a nivel histórico, España arrastra muchos problemas en la base de su sistema educativo, ¿cree que reformas como la LOMLOE responden a un interés de hacer política más que de subsanar estos problemas?

– La LOMLOE es la octava ley orgánica que trata de poner orden y concierto en un sistema escolar que es heredero de múltiples problemas del pasado. En cierto sentido, se prosigue esa obsesión por cambiar cosas a golpe de BOE y del órgano oficial correspondiente en cada Comunidad, con el añadido de que, en España, desde 1857 en que se publica la primera Ley general de Instrucción Pública (la conocida como Ley Moyano). Esta manía ha ido acompañada de indiferencia e inconstancia con la disposición de los medios para que lo que decían los prólogos -a veces muy poéticos- se hiciera real. He de añadir que no hay ley que no sea “política”, pues nace y se desarrolla con la finalidad de que incida en la vida colectiva; otra cosa es que hay muchas maneras de hacer política sin que necesariamente incurramos en tópicos de derechas o izquierdas, que a menudo explica poco en este terreno. Por eso el de la Educación es un campo de grandes grescas simbólicas, muy fértil para adictos incondicionales y, por tanto, muy proclive a las politiquerías y a los desencuentros partidistas, que tanta rentabilidad de votos pueden producir en coyunturas de desasosegantes como las que nos ha traído la covid-19 o las que traerá la aceleración del cambio climático. La LOMLOE está sujeta a estas politiquerías, como las siete leyes orgánicas que la precedieron, aunque hay algunas como la LOMCE que traspasan incluso ese concepto.

– Otro tema que aborda en su libro es el de la privatización de la enseñanza española, ¿cuál cree que es la causa de la prevalencia de la enseñanza privada/concertada en España? ¿Es la calidad de la educación pública responsable o la falta de inversión económica por parte del Estado?

– Esta es una de las grandes cuestiones que pivotan sobre el sistema educativo si se empieza por distinguir entre “enseñanza privada” y “privatización de la enseñanza”. Por mi parte, no tengo nada contra la enseñanza privada ni lo tendré, salvo que conculque alguna de las leyes democráticas que deban regir su estructura y organización, no solo en lo que respecta al currículo estrictamente instructivo, sino también en el más ampliamente educativo que debe transmitir un centro, pues corresponde al Estado vigilar y controlar que así sea, como en cualquier otro asunto de los que rigen en un mercado realmente libre y no monopolístico. Pero, si hablamos de “privatización” -tal como se está llevando a cabo en España y, en algunas Comunidades de modo provocador-, estamos hablando de una opción económico-política muy específica, que tiene mucho que ver con lo que, desde los tiempos de Reagan y Thatcher, solemos llamar neoliberalismo, tendencia política que en nuestro país han tenido adictos tan compulsivos que en alguna Comunidad Autónoma incluso hay una Dirección General encargada de sus intereses estratégicos. En mi opinión, lo que me pregunta habría que preguntárselo a quienes gestionan los presupuestos educativos, porque son los causantes de que tienda a imponerse algo que es contrario al concepto de calidad entendido, en su mejor sentido democrático; haciendo que parezca que lo bueno está en la educación privada; colaboran a que se privatice lo que es obligación del Estado hacer que tenga dignidad para todos y que se aprecia como tal. Al mostrar que no le dan este valor y, con el dinero de todos, lo gestionan como otro bien mercantilizable, están haciendo que este territorio educativo se parezca más a un supermercado que a una casa de todos. ¿Se imagina usted lo que hubiera pasado con esta pandemia, si todo el sistema de salud estuviera privatizado?

– En uno de los capítulos del libro Modernizar la educación de todos habla de la introducción del PIN parental que Vox trata de promover, ¿cree que el espíritu de estas políticas es síntoma de los problemas subyacentes en nuestro sistema educativo?

– Como le he intentado decir al principio, en Educación acaba repercutiendo todo: es un centro neurálgico del sistema cultural, social, político y económico que tenemos; un espejo magnífico para mirarnos y reflexionar sobre lo que queremos como sociedad. Lo de estos señores, desde luego, no es una anécdota, sino que expresa una corriente con no poca clientela que, por miedo, ignorancia, intereses variopintos y, si se quiere, por llevar la contraria a cualquier intento modernizador de cuanto pueda ayudar a sus conciudadanos a vivir en paz consigo mismos y los demás, ha estado siempre a la contra. Si miramos atrás, en la Historia real de la vida española -no en la que quieren vender- sobran intolerancias, asperezas, atrasos, e incluso guerras, que solo han estropeado la sana convivencia y no han arreglado nada, solo entorpecen la marcha tranquila de los demás. Merecería la pena que reclamaran más a propósito de los incumplimientos de Derechos Humanos y no que anduvieran entreteniendo al personal con falsos litigios entre los derechos de los niños y supuestas ofensas a los de algunos padres.

– ¿Qué cree que es lo que debería priorizar el Estado de cara a la mejora integral del sistema educativo español?

– Me hace una pregunta sobre la que albergo muchas dudas y sobre la que caben tantas respuestas, al menos, como posibles finalidades a que puedan servir. De esa teórica multiplicidad de hipótesis, me quedo con una que, de realizarse, produciría un potente efecto dominó sobre otros aspectos de nuestro sistema educativo. Me refiero a que, de una vez por todas, para expresar que el Estado es de todos y no de unos pocos, se encargara decididamente de lo que lo que es un bien de todos aproveche a todos, incluidos los más desfavorecidos, y los lugares y espacios donde no es rentable la mercantilización de este supuesto derecho de que habla la CE78 en su art. 27.1. Hasta que este bien no alcance a todos con tanta dignidad que no haya quien no pueda considerarlo imprescindible e irrenunciable, creo que el Estado español tiene por delante un recorrido utópico para rato. @mundiario


El libro Modernizar la educación de todos, ¿después de la covid-19, qué? es un ensayo de Manuel Menor, ya disponible en Amazon, para que los lectores puedan disfrutar de él tanto en ebook como en papel. @mundiediciones


4 oct 2021

É de agradecer que se pida boa educación no Congreso

A exemplaridade dos deputados é primordial para que unha democracia que se precie de tal sexa imitada polos cidadáns


Ante todo, agradecer á Sra. Batet as súas palabras firmes en demanda de cordura, sensatez e ata dureza na defensa das ideas de cada cal, pero sen faltar ao respecto aos discrepantes. É o que reclamaba Aristóteles como distinción entre os humanos e os animais; na súa Política deixou escrito que unha cousa é “a palabra” -propia daqueles- e outra “as voces”, máis propia destes.


Palabras e voces


A discrepancia é normal entre os humanos; non o é a uniformidade de perspectiva para resolver os asuntos que nos son comúns e nos incumben a todos. O uso da palabra, para resolver as discrepancias, ha de basearse en argumentos, coñecemento, saber e capacidade de convencer aos outros, non no insulto persoal nin en descualificacións que non teñen nada que ver co que se trata, senón máis ben con prexuízos e intereses tan particulares que sirvan de escusa para ter a exclusiva. A falta de respecto aos argumentos do outro, e o insulto manifesto -como o que fai uns días se puido oír, dirixido a unha ministra nese pazo da palabra razoable que é o Congreso- non só descualifica a quen o fai, senón que nos agrede a todos porque desvirtúa, erosiona e pon en risco a democracia; con sentirse tan superior e diferente do resto se arroga o dereito de acalar aos demais ou, polo menos, intentalo.


Cando non hai que dicir e pásase aos insultos, o seguinte paso, moi leve, son os puños e a pelexa, tan do gusto dos xeitos despóticas de que nos deixou gran mostra gráfica Goya nos seus múltiples cadernos de debuxos e en non poucas das súas obras máis coñecidas. Volver ao século XIX, cando tantos problemas urxentes nos abouran é, como mínimo, un xeito extraordinariamente fértil para que estas urxencias non se falen para tratar de acharlles solución; fai tan só que nos quedemos na pura epiderme, abafados polos prexuízos, malicia, cortedade ou ignorancia -que de todo hai- dos que parecen querer mostrar que teñen a exclusiva da verdade, da moral e de canto poida molestar a súa cómoda cerrazón etnocéntrica. Poida que iso lles axude a ter seguidores nalgúns sectores sociais que, por razóns variopintas, quedaron a gozar de como sofre a maioría, pero han de comprender que non poden ser un adolescente freo constante a que os dereitos e liberdades de todos se desenvolvan axeitadamente, para unha convivencia sa de adultos en igualdade.

Inquisidores e díxome-díxomes


De nada vale neste asunto ese xogo melifluo de estar en misa e repicando ao mesmo tempo, como escenificaron os compañeiros do alcalde madrileño e os seus socios -e o alcalde mesmo como primeiro actor da comedia-, dicindo por unha banda unha cousa e pola outra votando o contrario cando de defender os dereitos das mulleres a abortar se tratou onte: razoable parece que o que a lei lles permite en situación tan grave como difícil, non se lles aumenten as de seu complicadas decisións ata serlles imposible unha seguridade e asistencia cualificada porque grupos de intención retorta traten de intimidalas con mil infamias. É perverso co amor á vida que din querer defender, non arranxan nada e, ao final, quédanse en xestos de hipócrita conciencia a maioría das veces.


A falta de respecto ás opcións dos demais que exercen as persoas e grupos que din ter máis verdade que ninguén, e que parecen dicirnos que teñen toda a verdade defendendo algún ben que necesitase ser defendido, é herdeira dunha longa tradición de inquisidores e díxome-dixomes que, no noso país e cos mesmos pretextos -incluído que adoitaban dicir que Deus estaba con eles-, non deixaron de ser, no transcurso do pasado español, o freode toda modernización do coñecemento, do saber e de que unha educación consistente e sólida, respectuosa co saber e a ciencia, atenta ás necesidades dos cidadáns -no plano persoal e social- puidese axudar ás súas vidas. Esta posición retardataria, trufada de elementos continuistas do que houbo aquí antes da CE78, é a que aínda transmiten non poucos elementos do sistema educativo que temos, de modo que non estivese ao alcance de todos unha educación como cómpre.

Seguimos vendo ao noso ao redor ese afán de segmentar o sistema e que os cidadáns entendan que o privado é mellor que o público; vimos como, desde 1851 ata hoxe, os poderes do Estado inclináronse maiormente a favor desta idea, protexela e salvagardala. Non se lle escapa a calquera que colla ese fío histórico que, ata nesta LOMLOE de agora, a substancia desta tendencia segue incólume; ademais de que unha parte substantiva dos recursos presupostarios seguen orientados a sostela, non só asuntos tan particulares como a relixión se manteñen no currículum, senón que se seguen poñendo pegas para unha racionalidade coherente de todo o sistema. Mentres unha “Educación para a cidadanía” ha ter mil dificultades para ter algunha presenza, agora mesmo o último borrador de Educación Infantil segue reticente a que unha educación razonablemente aberta ás opcións de todos sexa posible. Ata agora -en pleno século XXI- hai asuntos que aparecen gobernados por esa “MALA EDUCACIÓN” en que sobrevivimos ás topadas nun pasado que non se ha ir.

A disputa pola “boa educación”


Na disputa polo espazo simbólico desa Educación, a resolución -provisional, pero efectiva- séguese deitando do mesmo lado que sempre; o que digan os estratos máis conservadores e ata ultras deste país é o que vai a misa. Antes facíano porque tiñan moito poder efectivo, e hoxe que en aparencia llo diminuíu un sistema de relacións económicas moito máis global, tratan de seguilo mostrando, cando poden, co mesmo deixe de chulería herdeiro daquel panorama intrínsecamente clasista. Poida que lles sirva de inspiración o chamado Reino Unido, exemplo pragmático, doutra banda, do camiño que seguen os herdeiros do Imperialismo victoriano xa desaparecido; creron que poderían estar máis acordes consigo mesmo saíndose da Unión Europea, e as mentiras e mantras que manexaron para que o BREXIT saíse adiante están arrastrando consecuencias visibles na disponibilidad de bens tan necesarios como a alimentación ou a gasolina. Con mentiras e “mala educación” como a que provocadoramente exhiben algúns deputados no Palacio de San Jerónimo, o que nos espera é peor aínda. Convén a todos que “a boa educación” -máis aló dos sempre agradables bos modales que os manuais de Urbanidade prescriben desde Erasmo- impere ata na nosa vida diaria, por suposto; vivir en constante pugna por ver quen di de modo máis excitante e twiteiro o que máis poida epatar á propia cofradía, nin sequera nas flamantes terrazas tan en boga é sostenible sen risco de integridade.



TEMAS: Boa educación.- Política e politiquería.- Congreso de Deputados.- Convivencia social.- Dereitos cívicos.



Manuel Menor Currás

Madrid, 29.09.2021

21 sept 2021

Detrás de todo acto político está o dereito á vida

 


Recórdanolo todos os días canto ten importancia: a electricidade, a pandemia, a educación dos fillos, todo.


Foi en 1789, cando na Revolución Francesa, cando o “dereito á vida”, pasou a estar explícitamente nas grandes declaracións da convivencia entre humanos como asunto político nuclear.


A humanidade de todos


Non é que antes fose un páramo absoluto, pois desde o Código de Hammurabi en Babilonia, 1800 anos a. C., hai constancia da preocupación por comportamentos sociais que empezaron a estar fixados por escrito en igualdade para todos. En torno a catro séculos máis tarde, o Decálogo de Moisés (Éxodo, 20 e Deuteronomio, 5) sinalounos para a organización sociopolítica dos israelitas, e o cristianismo concretounos -entre os anos 80-90 d.C.- en torno ao “amor a Deus sobre todas as cousas e ao próximo como a si mesmo” (Mateo, 22, 36-40). A posterior cristianización do Imperio romano entre o século cuarto e quinto fixo que esa bagaxe fose principal da cultura europea e occidental nos séculos seguintes, ata como referente do humano fronte a outras culturas. Cos descubrimentos xeográficos a partir do século XV, a amplitude do humano houbo de de ser reconfigurada, pois reduciuse de xeito estreitamente etnocéntrica e patriarcal co ensimismamento feudal; como estudouFernando Álvarez-Uría, os primeiros gromos desa apertura en O recoñecemento da humanidade tiveron lugar nos albores do Humanismo renacentista; acabarían eclosionando na revolución dos colonos americanos contra os ingleses e, moi pronto, en París.


Aquela floración foi amarga; mentres os privilexiados do Antigo Réxime se apuraron a conservar os seus privilexios no posible, cantos desde os estratos sociais ata entón inferiores -en particular os burgueses- puideron rubir no ascenso social e económico axudaron a manter a salvo aqueles intereses, mentres os pobres e asalariados do traballo asociáronse máis vivamente para defender o seu dereito á vida. Desde entón, o xenéricamente denominado “movemento obreiro” -nutrido de influencias ata relixiosas- foi sobre todo desde 1848 o seu brazo na pelexa social e política, mentres o poderoso grupo dos percentiles económicos máis altos reforzouse na conservación do pasado.


A igualdade do dereito a vivir

Esta é a raíz da gran dificultade, logo desa data, para ampliar un pouco máis o dereito en igualdade á vida. No momento actual, aí seguimos os humanos nesa pelexa que, nos países democráticos, tradúcese na configuración dun conxunto de dereitos sociais, nunca do todo satisfeitos pola pugna subxacente: uns desexando amplialos e outros tratando de recortalos. No caso de España, nestes días móstrase en bastantes frontes; a pandemia da que non logramos saír móstrao claramente e o salario mínimo, a sanidade, a educación dos fillos, a enerxía eléctrica ou o gas, súmanse de xeito moi destacado ás urxencias de canto define a maior pobreza de moitos ou a crecente riqueza duns poucos a conta dos “medios de producción”, imprescindibles para atender as necesidades humanas -empezando polas máis básicas-, e que sempre foron e serán escasos. De como sexamos capaces de conciliar unha moderada satisfacción de todos, depende o entendemento colectivo e o orgullo de sentirse a gusto nesta sociedade, na que o pasado pesa moito.

Detrás deste permanente conflito, sempre houbo unha soterrada loita pola “propiedade” dos bens capaces de solucionar os problemas e necesidades, e ata moi entrado o século XIX, estivo acompañada por unha forte tendencia a soster como inviolable, e ata sagrado, o dereito de propiedade privada; pero tamén creceron os partidarios de coartarla, sobre todo desde que no último terzo dese século, para evitar males maiores, empezaron a limitarse os omnímodos dereitos que conlevaba ser propietario. Sobre esa base creáronse as primeiras leis sociais que, logo da segunda Guerra Mundial, configuraron o “Estado de Benestar”, é dicir, un abanico de coberturas para todos soportadas por leis e institucións do Estado. Ata entón -e en diverso grado segundo países- estas formas limitadoras da propiedade, que foran variadas -e ás veces con fondo relixioso- nunca estiveran xeneralizadas como obrigación; non eran exixibles, xa que logo, ante un Tribunal ata moi entrado o século pasado.

O “Ben xeral”

Hoxe, a pelexa de fondo aí segue. As declaracións por parte do chamado Foro Nuclear , xunto con algunhas de preguntas no control parlamentario na mañá do día 15 deste mes, documentan fidedignamente que esa loita básica polo dereito á vida, cuns mínimos de igualdade, segue latente e non se soluciona con alivios. Só consensos democráticos fan viable atoparlle unha solución; a Sanidade e a Escola pública, e canto presupostamos atender con dignidade cada ano, son un exemplo de que é posible, a propósito de inconformismos e, sobre todo, de que de non facelo todos perderemos moito máis.


A esta conclusión chegou Bismarck na Alemania dos anos oitenta do século XIX; á mesma chegaron cantos, a partir de 1902 sobre todo, apoiaron no noso país o seguro de accidentes de traballo, o primeiro dereito social no noso país. Cen anos máis tarde, os neoliberais de quenda, desde Reagan a Thatcher -imitados polo á máis pechada do Partido Popular e non freados pola fracción conservadora da socialdemocracia-, volveron ás esencias do liberalismo clásico do século XIX; todas as limitacións, recortes e silencios que uns e outros pactan, deciden e consenten -xunto ás rifas para teatralizarlo en público-, degradan o dereito de todos á vida, e sáltanse o que di o art. 128 da CE78 sobre a predominancia que debe ter “o ben xeral” nas decisións a tomar neste conflito permanente. De igual que se trate de salarios mínimos, a luz eléctrica, prevenciones e cautelas sobre a pandemia, servizos sanitarios, e dignidade que deba ter a educación de todos ou a atención aos maiores. Aos de abaixo nos percentís económicos -coma se as súas vidas valesen menos- hai sempre quen lles están dicindo: cálense, teñan paciencia, que bastante lles demos. Dito doutro xeito, que o que estes días segue en risco é o interese xeral de todos e cales han de ser os seus compoñentes por dereito, non por voluntarista devoción caritativa ou benéfica de alguén.

8 sept 2021

Iníciase un terceiro curso condicionado pola pandemia

A inestabilidade preside moitas revisións que se están facendo á baixa nas diversas Comunidades autonómicas para o novo curso.


Desde hai uns mil movémonos por un túnel que, mentres parece dar sinais do seu final, non deixa de indicar que vaia vostede a saber o que queda por diante no medio de pretensións tranquilizadoras. Nas nosas neuronas debátense sensacións contrarias, de prevención e certo medo aínda, mentres queren predominar os xeitos normalizadores da situación vital.

"Normalidade"

A cuestión está volvendo situarse no que cada cal entende, unha vez máis, por “normalidade”, hábito que, oscilante e ata demente, poida que vaia a ser o cerne do gran debate do curso que inicia agora a súa andaina. É evidente, por exemplo, que, coa Covid-19 presente, non é o mesmo unha distancia que outra entre os alumnos dunha aula, a variable proporción de cantos poidan convivir razonablemente nelas e nos recreos, e, xa que logo, o número de profesores de apoio e os recursos que se incrementan ou diminúen, segundo alguén con poder de decidir xulgue pertinente. Cunhas ou outras decisións -case sempre adoptadas de modo escuro-, establece unha ou outra “normalidade escolar”, que se engade, ademais, a outras supostas normalidades que arrastraban os centros educativos sobre todo nos últimos dez anos de recortes, preferencias por redes educativas particulares e aparentando sempre dar cumprimento ao precepto constitucional da universalidade educativa. Do conxunto resultante da normativa que incumbe a este comezo de curso, xa se pode advertir, de entrada, que a “normalidade” a que parece aspirarse en tres ou catro Comunidades autonómicas de acendrada tradición erosionadora do público, é a de antes de marzo de 2020.

Dun tempo para acó, e especialmente desde final do curso pasado, púidose advertir a ansia dalgúns conselleiros de educación por ir revertendo supostos excesos que puidesen traer consigo as variacións de dotacións e recursos que, sobre todo no curso 2020-21, se estableceron. Neste momento, parece que se estea querendo volver a aquela “normalidade” anterior, a que desde 2007 construír a costa de desidias, diminución de medios e persoal. Coma se de algo físico se tratase, e que o principio de Arquímedes dos fluxos que conleva a práctica do dereito de todos á educación se encargase de reequilibrar o sistema á súa posición óptima, a súa lei está sendo invocada estes días para encauzar ese afán de regreso melancólico ao pasado; cantos seguen os avatares da educación coñecen momentos históricos en que o que ben orientado parecía foi considerado excesivo e reconduciuse á rancia posición tradicional. Non importa que os que paguen o pato con esta regresión de agora sexan os que sempre sufriron a desigualdade escolar desde antes de ter nado: tamén esta é tradición “normal”.

Vai ser difícil, con todo, convencer ao persoal docente de que siga arriscando a súa voluntariedade unha vez máis a prol dun suposto ben común como o da educación pública, do que os seus verdadeiros beneficiarios son os que non necesitan que o Estado protexa e defenda este o seu dereito principal de cidadáns. De feito, dálles igual que se arruíne e privatice cada vez un pouco máis o sistema da educación pública, dentro da gloriosa “liberdade de mercado” con que está sendo concibida e desenvolvida por instancias privilexiadas da nosa vida social, cultural e política; xa teñen o que anceian para os seus fillos ou fieis seguidores, e a sostelo vai esta animosidade por recobrar “a normalidad” de antes restablecendo ao máximo “a competencia”, a “calidade educativa”, “a excelencia” e canto encerra de mercantilismo económico a súa bandeira da “libre elección de centro”.

Desaboridamento

Algúns sindicatos emitiron comunicados de protesta: CCOO acábao de facer estes días, e os socios da Marea verde na Plataforma pola Educación Pública reivindicárono este pasado sábado na rúa. Puido comprobarse, de todos os xeitos, que estes signos de disconformidade, un pouco desanxelados, deixaron a sensación de que os asuntos de educación seguen sendo, ata nun contexto de cambio profundo como o actual, unha cuestión menor, moi afastada da mobilización que suscitan as precariedades laborais, as voltas e revoltas que estea dando o paro, a curva da evolución económica, urxencias de sectores económicos como o Turismo e outras mil historias capaces de conmovernos e motivar críticas iradas? A educación parece que, como sempre, ha seguir sendo algo ao que a algúns lles vén dado por clase social, mentres que a outros lles sobrase con atender un pouco á súa escolarización para que non estorben demasiado na rúa e nas casas.


Cos recortes que moitos responsables das Comunidades autonómicas están preferindo de novo -e, indirectamente, tamén a LOMLOE polo que non modifica-, é fácil deducir que a educación como clave do Estado social de benestar e da xustiza distributiva, tratando de conciliar liberdade e universalidade educadoras, seguirá nas pavías que estivo nos anos das crises anteriores. Ninguén parece crer en serio en que o que se predica sobre a súa importancia para modernizar o país de modo acorde coas urxencias do presente, fortalecer a convivencia democrática e erradicar os vicios e problemas que subxacen nas nosas relacións sociopolíticas, poida emendarse con algo decididamente mellor.


Prefírese o castizo que “inventen eles”. Coherente parece, pois, que, ata agora que hai recursos e créditos europeos para apoiar consistentes medidas de cambio, haxa tantos responsables nestas materias aplicados, primeiro de nada, a que a súa función primordial consista en recortar de novo o que debe ser investimento de futuro. Tales xestos evidencian, unha vez máis, que o soño de toda servilleta por ser mantel non se cumprirá impunemente; e que o modelo a seguir tampouco pode ser como o que operou, tamén nos últimos máis de mil días, respecto da renovación do Consello Xeral do Poder Xudicial; o desapego demostrado permite aventurar que o curso que acaba de iniciarse non pode senón ver estancada a necesaria renovación estrutural da Xustiza en España. Atentos.

TEMAS: Recortes educativos.- Inicio de curso.- Valor da educación pública. Segregación.- Normalidad educativa.


Manuel Menor Currás

Madrid, 06.09.2021.

3 sept 2021

O campo semántico dos desacordos en educación segue vivo


O discurso de “a calidade educativa” volveu; sen vacacións e coa COVID-19 de fondo, está onde estivo desde os anos noventa.


Co pretexto dos borradores de ensinanzas mínimas de Educación Primaria, a oposición gobernamental decidiu que, ao derrogarse as propostas que fixeran no R.D. 126/2014, tiña un pretexto para invalidar a LOMLOE. Ao urxir que desde todas as áreas de coñecemento (art. 6.3) -incluídas as matemáticas-, se aproveitase a actividade educadora para o desenvolvemento dos valores cívicos (art. 8.2), cren atopar un argumento demostrativo dun presunto afán adoutrinante, estraño ao que debe ser a educación de todos. Nin a pensar se pararon no que foron sempre as súas propostas, nin menos tampouco que signifique levar a Constitución ao quefacer diario do aula; non reparan na “Lei Wert" nin nas súas contribucións precedentes, visibles nos libros de lecturas ou de Historia que nos impuxeron e, ata, nos exercicios de Aritmética con que inundaban as mentes infantís con mesturas de líquidos e áridos en que sempre saía ben parado o tendeiro, a fin de que o seu rudimentario “emprendemento” se deitase cara á cobiza no balance de caixa.

Coincidentes desacordos

Coincide este falso debate con outros de maior enxundia significativa como o prezo da enerxía eléctrica en máximos descoñecidos desde antes das sucesivas privatizacións do principal sistema enerxético das familias, outro asunto en que as colisións entre “o social” e a liberdade absoluta do mercado andan tan á greña que, en declaracións do 10 de agosto, á portavoz do PP, a Ana Pastor, véuselle pronto á boca a recriminación a estes gobernantes da Moncloa por deixar atrás aos máis necesitados; proseguía o tirar a pedra e esconder a man con que tantas leccións continuadas deron como responsables da normativa en que se basean estes prezos, e culpables dos continuados recortes ás prestaciones dos máis débiles onde queira que gobernan. Sabido é, por exemplo, que en Galicia -repetindo actuacións en Madrid e noutras Comunidades-, Feijóo pechou 138 centros educativos públicos (aproximadamente un de cada dez), mentres incrementou a presenza do ensino concertado e privado, aumentándose este ano 16 respecto de anos anteriores, en prexuízo, sobre todo, das zonas do rural, como foi o caso de Begonte (en Lugo).


Non é menos relevante que, neste fin de verán, o novo curso se inicie baixo dúas situacións coxunturais altamente inquedantes. Por unha banda, que a quinta onda non acabe resolvéndose de xeito acorde coas expectativas depositadas na súa evolución: nin está claro que pase coa cobertura real das vacinas, nin menos o que poida suceder coas mutacións da Covid-19; termina o verán e, aínda que o sector do turismo parece haberse recuperado bastante non alcanza plena satisfacción nin augura que, ao renovarse a presenza de alumnos nos centros educativos, desaparezan os riscos, especialmente onde se activaron recortes de docentes. Doutra banda, os acontecementos últimos de Afganistán, por moi loubados que sexan os servizos humanitarios dos nosos militares, deixan aberto o clamor por vinte anos de presenza non desexada nun área tan diferente á das nosas burbullas occidentais; no aire quedou a sensación de que hai intereses superiores aos que levaron aos socios implicados en tan prolongada operación xeopolítica, que aconsellaron a súa retirada sen que a zona sexa agora máis segura, nin Occidente estea exento de percances como o que serviu de pretexto.

O BOE reformador

Nese contexto, a nova ministra Pilar Alegría parece querer rebaixar algo máis as medidas da LOMLOE. Os partidarios de pactos que non son tales estaranlle agradecidos, pero gañaría credibilidade se repasase erros e incongruencias do pasado para que, polo menos, non se degradara máis este servizo público fundamental. Desde que os reformismos educativos proliferaron tanto que uns e outros gobernos da restaurada democracia os adoptaron como símbolo de cambios señeros, non cesamos de entonar himnos alternativos sen que mellorase o sistema en asuntos relevantes, que seguen aí. É moi recomendable, por iso, reler as irónicas, rigorosas e sistemáticas análises que respecto diso foi facendo José Gimeno-Sacristán desde os anos oitenta, que agora se reeditan baixo o título Ideas que perviven. Aqueles artigos seus en Cadernos de Pedagogía seguen actuais e imos camiño de repetir por oitava vez logo da CE78 a vella crenza de que coa publicación dos currícula da LOMLOE no BOE cambiará en firme a realidade educativa nas aulas. As disposicións derrogatorias de normas anteriores que adoitan incluír estas leis orgánicas ignoran que existen “culturas escolares” moi asentadas de tempo atrás, contrarias a ir máis aló de novas formalidades, pero inconsistentes para superar os desaxustes continuados que nas aulas viven docentes e alumnado.

En aras da verdade -como se ve tamén coa Covid-19-, segue sendo excesiva a confianza que tales disposicións mostran en que as neolinguaxes que propoñen para referirse á docencia nas aulas sexan suficientes. E máis que sospeitoso é que os seus grandes criterios orientadores se cifren nas “competencias” que, desde fai anos, deban perseguir os traballadores do ensino, mentres non se ve similar persistencia das Administracións en ocuparse das condicións reais das aulas e os centros, as ratios de alumnado ou a cualificación profesional dun profesorado, cansado de que gran parte da eficiencia do seu quefacer dependa da estrita voluntariedade do seu empeño persoal. A miúdo, con todo, o de moitos expertos e responsables das políticas educativas, unha vez feitos estes documentos para os seus boletíns oficiais, parece ser o descanso: non lles preocupa o que pase a continuación, nin as desigualdades de trato que -como repite esta nova lei- sosteña o sistema entre uns e outros alumnos.


A estas alturas da secuencia pandémica, incerta en tantos aspectos, o que se aveciña para o comezo de curso inmediato é que, pese a tanta lei educativa como subimos ao BOE, unha parte destemplada da cidadanía seguirá cos seus liberais chíos pro domo sua, mentres outra máis ampla volverá a demandar a básica calidade democrática para un sistema educativo de todos; para empezar, este día catro de setembro reclamará en Madrid “unha volta segura ás aulas” e un “Plan de rescate para a Educación Pública”.

TEMAS: Covid-19.- Comezo de Curso 2021-22.- Currícula LOMLOE.- Pactos educativos.- Neoli nguaxes reformadoras.



Manuel Menor Currás

Taboadela (Ourense), 27.08.2021

29 jul 2021

A COVID-19 AMOSA, ADEMAIS DOUTRAS, A GRAN FENDA DIXITAL

Xa non é mera prevención ou presaxio de futuro. Temos datos precisos por idades e referencias ao acceso, uso habitual, e uso relevante de Internet.


Igual que coa lectura e os seus graos, os niveis destes dous aspectos son moi significativos; non abonda a posibilidade de acceso, senón que estamos nunha etapa de desenvolvemento tecnolóxico que, trala contribución indirecta da Covid-19 ao acelerón de cambios sociais, o uso que impoñen as TIC dependerá da comprensión que teña cada usuario deste instrumental tecnolóxico.


Xa están visibles, cada vez máis, as diferenzasque marcan, por idades, por xénero e por rexións ou áreas territoriais, os grupos e cohortes de cidadáns e cidadás que, no momento actual, teñen maiores problemas nestas formas de comunicación. Por exemplo, ser muller, ter máis de 75 anos e vivir nunha zona en que o uso dalgunhas delas -máis aló do móbil como teléfono tradicional- teña dificultade de conexión, é indicio case seguro de exclusión de moitas das expectativas actuais.


Nos trámites administrativos e xestións ante as entidades bancarias o seu vigor xa é condicionante de moitas transaccións cotiás e medra o número de persoas que se senten como especies en vía de extinción ou, cando menos, desprotexidas ante a avalancha de situacións para as que non teñen a alfabetización imprescindible. Repítese, noutro plano, un problema endémico na cultura española, ligado á tardanza en resolver o outro analfabetismo do saber ler e escribir, sen que se resolvese satisfactoriamente aínda o semianalfabetismo que, tantas veces traslocen múltiples manifestacións. No apartado dos Pactos da Moncloa de 1977 sobre urxencias educativas, ben patente quedou a necesidade de prazas escolares que desdiciu toda a parafernalia retórica que, desde o golpe de Estado do 36, torpedeou os plans escolares da II República; e no Informe PIAAC de 2013 (da OCDE), aínda se poden ver mostras significativas de como o duro analfabetismo está presente nas cohortes dos que eran nenos nos anos cincuenta, a quen “a liberdade de elección” no exercicio deste dereito fundamental foilles negada radicalmente. Ademais, mentres preme a fenda dixital, entre os problemas e carencias que segue tendo o noso sistema educativo, ben está claro igualmente a dificultade que, para titular na etapa obrigatoria- ten case un terzo dos adolescentes aos seus 16 anos.


Suma e segue

Como outras moitas historias da nosa vida concreta -tan distinta da que os medios adoitan manexar para seducirnos-, a fenda educativa extensa -que inclúe a dixital- xa está incrustada nos nosos hábitos como “algo natural” pese a tantas reformas e contrarreformas. Está aí como o estivo o mal pasar crónico dunha cultura de andar a medias en case todo e crendo, ademais, que o noso era especialmente magnífico, extraordinario e ata -segundo moitas leccións que nos fixeron recitar- contaba con protección do ceo. Non cabían nese relato tan infantilizado os máis mínimas físgoas de crítica nin de glosa marxinal razoable; todo era perfecto. Tanto, que algúns prohomes da palestra política, non se sabe se por defecto cognitivo ou por brincadeira co twiter partidista, seguen dicindo cousas en público como a de que o problema da República foi a disxuntiva entre “democracia sen lei ou lei sen democracia”, tese tan doutrinaria que supera todos os revisionismos e, dun golpe, elimina a responsabilidade dos sectores reaccionarios no que lle fixeron a un Estado democrático e ás expectativas de convivencia de cantos o votaran; nesta sentenza de ínfulas aparentes, quedou xustificada, ademais, a insana violencia autoritaria que seguiu, segundo uns ata 1978 e, segundo moitos outros, polo menos ata 1981; parece que fose pouco e que os españois merecesen máis trato deste estilo simplista e desvergoñado.


Deste cariz, veñen sendo con intensa rumoroloxía moitas mensaxes que circulan polas redes desde que o conservadurismo perdeu o control do Goberno central, sen máis obxectivo didáctico que propagar o despiste. Independentemente de que sexa unha estratexia elaborada para desgastar á coalición gobernante, parece que desexen que canta máis xente ignore a nosa “Historia actual”, mellor, e que canta máis comparta a idea de que é opinable -como calquera cor de moda-, mellor. Canta máis ignorancia haxa da Historia baseada na documentación acumulada nos arquivos, e non ter unha explicación veraz do acontecido, máis manipulable será o presente. Do mesmo xeito, xa que logo, canto máis profesor de Ciencias Sociais Historia da Arte, Filosofía ou Literatura, teña medo a explicar canto conecta directamente co noso presente, máis fácil resultará a aposta por un conservadurismo que incapacite para mover nada. Mark Twain dicía dos señoritos sureños de Misuri que se empeñaban en que os escravos lles limpasen as botas e que, despois, desprezábanos porque deduciran que só valían para iso.


Séguese levando, como “algo natural”, a ignorancia como método de felicidade -ese anhelo de perfís imprecisos-, que así queda máis vaga como obxectivo publicitario das vidas persoais e convivenciais. Alegan os que o propugnan que o afán de saber obedece a ganas de molestar a tranquila vida cotiá; din que os que avogan por un coñecemento consistente e razoado de canto suceda antes, queren “reescribir” a Historia. Deste xeito, torpedean non só a Historia, senón a nova Lei de Memoria Democrática; saben que nunca se repiten os feitos -pois non estamos ante unha moviola do tempo-, e queren controlar o relato como algo exclusivamente seu. Baixo o pretexto reiterado de “non desenterrar vellas feridas, nin descoser o perdón que selaron os nosos pais e avós”, non recoñecen o dereito á verdade da variada gama de sufrimentos que as vítimas do pasado fascista tiveron que sufrir e da que aínda moitos son testemuñas.

Cultura relevante

A Covid-19 coa súa maraña de cansazo e problemas inducidos non é bo momento para parar esta propensión á ignorancia que moitos desenvolven conscientemente. Igual que na rúa triunfan as terrazas dos bares sobre o silencio tranquilo dos veciños, en moitos centros ten prevalencia dispoñer dunha boa cafetería no canto dunha boa biblioteca e que sexa moi usada. Todo se volverá cada vez máis fráxil se as nosas escolas, colexios e institutos non medren na súa capacidade de propagar coñecemento, saber e boa comunicación respecto do que nos pasa; se os que a elas acoden non perciben o beneficio que poidan traerlles a súa obrigatoriedad, a superación da fenda dixital seguirá confirmando a obsolescencia que, en moitos aspectos, detentan. O dixital por se só é un instrumento cada vez máis urxente e imprescindible, que se non vehicula nada valioso -e non o manexan docentes ben formados profesionalmente- será unha prótese inútil e, ata, atafegante, no mesmo ronsel de moitos xeitos tecnocráticos do pasado, que intentaron innovar sen cambiar nada substancial no sistema educativo.


É máis, historias como a da sentenza recente do TC (Tribunal Constitucional) á propósito do Estado de alarma, ou a do líder do PP a prol do silencio sobre o pasado histórico recente, fortalecen rutinas e valores establecidos como tradicional “cultura interna” de moitos centros educativos. Facendo máis “natural” o seu inmobilismo, a súa contribución á comprensión da realidade social será cada vez menor; pouco valiosa pola cerrazón a formulacións humanistas, consolidará as neolinguaxes dominantes e o que as modalidades do conservadurismo demandan para que a educación sexa rendible.

TEMAS: Políticas educativas. Fenda dixital. Semianalfabetismo. Culturas escolares. Alfabetizacións segregadoras.

Manuel Menor Currás
(Madrid, 29.07.2021)

23 jul 2021

Os bizantinismos, aínda que sexan xurídicos, non xogan ao solitario

O trasfondo que encerran adoita conectar con situacións e intereses de sectores que queren impoñer a súa distinción.


O Tribunal Constitucional ditaminou o día 13 de xullo que o Goberno actuara ilegalmente ao impoñer o estado de alarma na primavera de 2020. As circunstancias coxunturais en que se emitiu esta sentenza, entre as que non é menor a relación que cabe establecer coas que atravesa o Consello do Sistema Xudicial e o Tribunal de Contas, a máis diso deteriorar gravemente unha das institucións principais do sistema democrático, pon en cuestión a xestión do Goberno, coma se fose función do TC exercer de oposición. O don da oportunidade non parece que rexa cando, en plena quinta onda, pídese responsabilidade aos máis novos e cada Comunidade vai ao seu aire.

Neoplatonismo

Tratar de dirimir nunha sentenza unha cuestión teórica de índole xurídica é indicio que parece inapropiado para terciar nunha cuestión que, de xeito evidente viña sendo obxecto de litixio, pese a que os agora satisfeitos con esta sentenza facilitaran a opción seguida polo Goberno ao demandar o estado de alarma e non o estado de sitio ou excepción, unha figura xurídica que sería máis complicado e máis lento xestionar cando tanta urxencia había e que, ademais, non engadiría nada ás posibilidades executivas. Os estudosos da influencia neoplatónica nas decisións dogmáticas que adoptou a Igrexa entre os séculos IV e VI d. de. C. saben ben da importancia, nada espiritual, que tiña inclinarse por uns ou outros conceptos que naqueles anos pasaron a ser de rigorosa crenza.


Cando os xuíces exercen o seu oficio, non só mostran a “técnica xurídica” como garantía de imparcialidade. Se fose así, non teriamos tantos sesgos en moitísimas sentenzas en que a calidade do avogado defensor xoga un papel principal para deitalas dun lado ou doutro; a súa preparación e capacidade son vitais para manobrar coas variacións semánticas dun término. Independentemente do custo dun bo bufete, no campo xurídico sempre aparece por medio un fondo de subxectividade interpretativa trala presunta imparcialidade obxectiva da xustiza existente; pódese constatar entón a súa similitude co que adoita ser frecuente en Historia, Ciencias sociais, e non digamos Xornalismo, en que á inevitable subxectividade, engádese con máis frecuencia do desexable unha deliberada inclinación para mirar de modo nada veraz e imparcial.


En casos como o que estes días é obxecto de asombro, á parcialidade estanlle sobrevindo xa problemas inducidos, o que engade unha serie de despropósitos que incidirán directa e indirectamente no creto institucional e na diminución do valor da democracia, cando pola súa fraxilidad é algo que debériamos coidar ao máximo. O primeiro que aparece é que, detrás destas actitudes traslócense moitas outras cuestións ligadas a prevalencias ou, se se quere , diferenzas e desigualdades duns e outros cidadáns. É coma se algúns aproveitasen a súa nada indiferente presenza nesa sensible carreira administrativa para impoñer ao resto as súas particulares crenzas, opinións ou xeitos de mirar o mundo. O cal concorda con que o acceso ás altas maxistraturas e a continuidade de sagas familiares nalgúns deses postos, con demasiada frecuencia sexan percibidas sociolóxicamente aparelladas. Non adoita ser raro, por demais, que a parafernalia profesional deste colectivo sexa invocada a miúdo baixo o hipotético paraugas da “vocación”, un construto baixo o que se encobren interpretacións gremiais do seu activismo, que non se desexa ao alcance dos outros mortais para exame ou xuízo crítico.

O desacordo como sistema


Tralo acontecido no TC, a COVID-19 evidenciou outras cuestións. A principal, que, pese á difícil coxuntura pandémica e as crises que lle carrexou aos cidadáns, hai persoas e grupos que non aproveitan a excepcionalidade para facilitarlles a vida aos demais, senón para aumentar o enfado e o desacordo. Pedagóxicamente, é unha actitude mortal para calquera ansia de convivencia que se poida albergar; fai perigar os pactos principais e propicia o mal exemplo a cantos, na súa vida cotiá, o teñen complicado para saír adiante. Os bizantinismos -por moi puros que poidan parecer- tamén sementan o odio: Steiner menciona o "odium philologicum" que algúns intelectuais despregan contra cantos discrepan das súas disquisicións; os filólogos adoitan ser moi escrupulosos -e de aí o apelativo- , pero a pouco que se revisen notas ao pé de páxina de moitos libros, revistas académicas e críticas literarias, non é difícil advertir que é unha actitude demasiado frecuente.


Non é exactamente unha novidade desta pandemia, pero parece estarse impoñendo nestes tempos como fórmula de acción política e, en moitas ocasións pode seguirse perfectamente nos medios, coma se o relevante fose soster no ambiente unha tensión sen a cal os seus promotores non serían ninguén. Administran a liorta permanente, certa violencia ambiental e unha moda máis ou menos retadora ante os demais; é peléxana ao estilo das películas do Oeste ou dalgunhas en que un futuro distópico se impuxo e habería que tratar de sobrevivir a conta do que sexa, coma se en pleno individualismo cada cal tivese cancha para impoñer as súas regras e cambialas ao seu libre albedrío.

 


Subsidiarios

É vergonzoso que a Covid-19 estea sendo ocasión para enfrontar os intereses particulares de cada Comunidade ou contra o Goberno central; e é mágoa que polos posibles custos políticos, esteamos creando unha selva inexcrutable de decisións, como o é que normas supostamente pensadas para tratar de unir en igualdade a uns e outros, sexan retocadas para que a desunión se fortaleza. De toda esa bagaxe amarela crecente, propicia para o desencontro, pode servir como estrela luminosa a blindaxe que a Comunidade de Madrid acaba de adoptar para preservar a suposta “liberdade de elección de centro” para dar cancha libre aos colexios privados. É que o ensino e a sanidade pública han de seguir sendo subsidiarias? Resulta, con todo, que non era este o sentido dunha sociedade agrupada en torno a uns valores a compartir. Velaquí, ademais, que o sistema educativo nacera como dereito universal para expandir aqueles principios valiosos para todos.



TEMAS: Covid-19.- Tribunal Constitucional.- Poderes do Estado.- Liberdade.- Igualdade democrática.