A opinión dos docentes...non conta?

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17 ene 2021

Sociología y Literatura son excelentes observatorios da la sociedad

Fernando Álvarez-Uría, sociólogo y catedrático de la Complutense enriquece nuestra capacidad lectora, a través de algunas novelas.

¿El libro que acabas de publicar qué aporta? -No soy un especialista en sociología de la literatura, territorio que ha sido explorado de forma original, en Francia, por Pierre Bourdieu, especialmente en Las reglas del arte y, en nuestro país, por Luis Mancha, autor de Generación Kronen. Una aproximación antropológica al mundo literario en España. Ambos tratan con especial agudeza el campo literario como un terreno acotado en el que se desarrollan luchas por ocupar posiciones de prestigio, luchas por el éxito y la visibilidad, lo que implica rituales de consagración, casas editoriales en pugna, premios, críticas, entrevistas y comentarios en suplementos literarios, etc. El campo literario es un terreno social y jerarquizado en incesante cambio, poblado de coronas de laurel, pero también de arenas movedizas en las que se mueven como pez en el agua los caimanes pues es un espacio específico del mundo cultural en el que se juega prestigio, dinero, poder...

            Soy un admirador de estos trabajos de Pierre Bourdieu y de Luis Mancha sobre el campo literario, pero me pareció que esa perspectiva podía ser enriquecida analizando los contenidos de determinadas obras para poner de relieve las regularidades discursivas que existen entre ellas y sus disonancias; esto ayuda a objetivar determinados problemas sociales desde perspectivas que los sociólogos tendemos a ignorar. Creo que mi libro (Sociología y literatura, dos observatorios de la vida social. Lecturas de un sociólogo, Ed. Morata, Madrid 2020) se centra en los contenidos y abre la vía a una sensibilidad que complementa la perspectiva de otros estudiosos del campo literario.

¿Qué ámbitos de la vida social analizas en tu libro? -He abordado problemas del presente sobre los que existe una demanda social de clarificación. Los títulos, en siete capítulos, son los siguientes:

1.       Sicilia como metáfora política. El nacimiento de una nación.

2.       Rusia en las tinieblas. Los nihilistas rusos y la búsqueda de una nueva moral social.

3.       Asesinatos en la intimidad. La literatura de misterio, espejo de la sociedad victoriana.

4.       Los aventureros del espíritu. La literatura del yo, refugio en un mundo despiadado.

5.       Trabajadores nómadas. Estrategias de resistencia contra la explotación laboral en la América profunda.

6.       Republicanas. Mujeres españolas en la guerra, la revolución y la paz.

7.       El sociólogo y el poeta. Erving Goffman y Ezra Pound en el manicomio de Saint Elizabeth.

No abordo problemas sociales aislados, sino que trato de responder, con análisis sectoriales, a un problema de fondo que afecta a la naturaleza de nuestra sociedad: ¿Cómo avanzar hoy hacia sociedades más democráticas, vertebradas por la solidaridad y la justicia?

Los libros que sirven de demostración a tu libro son, en proporción importante, libros consagrados, “buena” literatura. ¿Qué es lo que hace “buenas” a las obras elegidas? -La mayor parte de las novelas sobre las que trabajo, aunque no todas, están integradas en lo que Harold Bloom definió como el canon literario; gozan, tanto para buena parte de lectores como de escritores y especialistas en literatura, de reconocimiento social y cultural. Y aunque el canon dista de ser aséptico, inamovible y definitivo, pues constantemente hay obras y autores que son re-descubiertos o se ven estigmatizados, las novelas que he trabajado están ya integradas por méritos propios en el patrimonio literario de nuestras culturas. He trabajado sobre archivos literarios en función de la clarificación de problemas; buena parte de las obras forman parte de la llamada cultura culta, pero no he renunciado al estudio de obras más ligadas a las culturas populares.

 

¿Qué pasa con la “mala” literatura? Al margen de si merece la pena que se invierta tiempo en ella, ¿qué puede aportar a la mirada sociológica? -Creo que en el terreno de la literatura, cada vez más internacionalizado, se podría escribir un libro de sociología del campo literario paralelo al de la sociología de las ciencias de Thomas S. Kuhn, que se podría titular en honor a él “La estructura de las revoluciones literarias”. Existen novelas consagradas y un cierto consenso sobre la “buena” literatura conquistado por el pensamiento laico frente a las definiciones de lo bueno y lo malo, así como frente a las censuras promovidas por los poderes eclesiásticos. No olvidemos que, durante el siglo XIX y XX, los jesuitas y otras órdenes religiosas trataron de definir en España el canon literario en función de la moral católica; ahí está, por ejemplo, el libro Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral, del jesuita Antonio Garmendia de Otaola, o el de Pablo Ladrón de Guevara sobre Novelistas buenos y malos, que conoció numerosas reediciones e  incluía una lista de más de dos mil autores; si buscabas en la “G” a Galdós, decía: ˝Véase en Pérez cuan malo es este autor ». Se puede uno imaginar lo que opinan de La Regenta de Clarín, o de AMDG de Ramón Pérez de Ayala.

            Durante demasiado tiempo la novela policial o la novela negra han sido relegadas a los márgenes como “malas” novelas. En la actualidad, autores como Dashiell Hammett o William Riley Burnett han entrado ya a formar parte de los autores clásicos. En todo caso, yo no seleccioné mis materiales definiendo a priori su presunta calidad literaria, sino que he tratado de analizar novelas que abordan un mismo problema desde distintas perspectivas y que proporcionan puntos de vista susceptibles de contribuir a construir lo que Michel Foucault denominaba una problematización. He tratado, también, de que en el análisis se escuche el eco de la fuerza de la literatura, pero en último término son los lectores quienes decidirán críticamente sobre el interés y la utilidad  de mis propuestas.

TEMAS: Sociología crítica.- Literatura.- Calidad literaria.- Problemas sociales.- Democratización social.

Manuel Menor Currás

Madrid, 14.01.2021

 

13 oct 2020

Pese a todo, ler pode ser un consolo e unha ledicia



O último libro de Fernando Álvarez-Uría sobre Literatura y Sociología é un bo remedio contra o pesimismo que empeza a roldar a moitos.



Testemuñas da vida, vémola transcorrer estes días ata deixarnos sen fe e falando a soas. Morreu Quino hai uns días e Mafalda quedou estática no recordo, pedindo que a deixen apearse da marcha das cousas na Terra. É verdade que se cruzan pola nosa vida persoas irritantes que tratan de tapar ás que a enriqueceron; é momento, de todos os xeitos, moi apto para agradecer reflexións, traballos e dedicación de cantos  nos fan saber un pouco máis.



Ler Literatura



Destes últimos, é moi recomendable un libro que acaba de saír: Sociología y Literatura. Dos observatorios de la vida social (Morata, 2020), no que Fernando Álvarez-Uría adéntrase, moi ben pertrechado, na capacidade da Literatura para contarnos os miúdos do que sucede cando a lemos mentres, e ao mesmo tempo -como complemento ou fonte de boa educación- nos esperta a curiosidade por saber máis e axudarnos a construír un mundo que sexa vivible porque a liberdade, o coñecemento e a solidariedade se dean a man.




Agora que tanto se invoca a Ciencia para decisións que afectan diariamente á nosa mobilidade, non está mal recordar que non todo ten a mesma intención construtiva; en nome do científico e ata do natural, tocounos ver retrocesos e conflitos moi fortes para a Humanidade; e en Socioloxía, como noutros campos do saber, tampouco todos os sociólogos reman na dirección para a que en principio se construíu este campo científico: tratar de atopar solucións aos problemas sociais acuciantes. Ben coñecidos son os sesgos preditivos de moitos observadores que, desde postos ata institucionalizados, traballan para un control social cada vez máis preciso e paralizante; os poderes que queren xente mansa e obediente non son cousa exclusiva dos guionistas de ficción.



O interese da Literatura ou da arte en xeral como punto de encontro de mentes sensibles con canto sucede ao redor e, xa que logo, como bo observatorio para ver como vai o transcurso da Historia humana na súa difícil construción dun hábitat máis xusto e máis libre para todos, non é novo. Son moitos os materiais bibliográficos que se poden achegar nesta dirección, pero tamén se poderían traer moitos outros en sentido contrario, de mentes ocupadas en facernos sentir un gran pesimismo ou simplemente distraernos con naderías e preitos diversos, moi aptos para dificultar calquera vontade de entendemento.



Saber mirar, saber ler



O libro de Fernando reactiva a liña optimista dos que entenden que ler está ben se deséxase aprender algo, e que está mellor cando o coñecemento que descobre o que le é de gran calado para achegar luz en como orientar a acción convivencial cos demais. Que neste momento de incerteza fixe a súa atención na Literatura, supón, ademais, captar aos urxidos de pouco tempo a inclinar a súa sensibilidade cara á lectura. Igual que noutras ocasións instruír no mundo psiquiátrico, a percepción da arte, ou en algo máis abstracto como o difícil proceso de recoñecemento da humanidade nos outros, neste libro, ademais de proporcionar unha boa guía de lecturas relevantes sobre sete campos temáticos de relevo político e social, a súa forma de achegamento ás que comenta ou sitúa nun contexto preciso divulga unha metodoloxía de lectura, valiosa por si mesma para cantos dubidan se ler ou non. Desde a súa mirada sociolóxica, cunha actualidade propicia ao desencanto, a precariedade e a discriminación, enriquecerá as miradas de cantos aspiran a saber ler que pasa nun mundo en que é urxente que os Dereitos Humanos, ademais dunha proclama, sexan a norma das relacións entre uns e outros.

Ler Literatura, boa e mala, non é só un modo de distracción, que pode selo e moi divertido, senón un xeito de aprender a mirar e que o que facemos ou deixamos de facer contribúa a diminuír as formas de violencia e sufrimento gratuítos. Xa miremos o mundo do eu ou o dos asuntos políticos comúns, o das pautas sociais colectivas, o da moral social, as relacións laborais ou o feminismo, os escritores estiveron aí como testemuñas conscientes; Sociología y Literatura é, nestes campos específicos, unha man amiga que achega ao lector ao que acontece en máis de 200 obras literarias que poden servirnos de indicación para que coñecemento e sentimento se xunten esperanzadamente na construción da textura apropiada que posibilite as mellores aspiracións humanas.



Na conclusión do seu libro, o autor trae a colación a proposta de Camus no seu discurso con motivo da concesión do Nobel de Literatura de 1957, en que propoñía “restaurar entre as nacións unha paz que non sexa a da servidume e reconciliar de novo o traballo e a cultura” no medio dun mundo ameazado. Porque enriquece a nosa mirada e porque contribúe a que sexa verdade que a renovación desta sociedade só pode vir da educación e da cultura, ao modo de mirar de Fernando pode aplicárselle o que o hispano-francés escribiu enseguida ao profesor que se ocupou del cando era pequeno. O que Camus recordaba ao Sr. Germain: “A súa man afectuosa…, o seu ensino e exemplo, os seus esforzos, o seu traballo xeneroso”, continuará vivo no lector.



TEMAS: Literatura.- Socioloxía.- Lectura.- Comprensión do mundo.-Dereitos Humanos.



Manuel Menor Currás

12/10/2020