O artigo de X. Carlos Caneiro, na súa columna El Equilibrista, publicado en La Voz de Galicia o 29.06.2026, achega unha interesante visión do que acontece...
El círculo de los hombres buenos
Ay de los latinos, siempre nos dejaron grandes frases que ahora puedes recoger, como si fuese un barracón, en el infernal paraíso de la internet. Una de esas frases en almoneda es: «Pro-missio boni viri est obligatio», que quiere decir que la promesa del hombre honrado es obligación. Los boni viri de la política cada vez parecen menos y, entre posverdades y realidades paralelas, uno ya solo acierta a distinguir a unos cuantos. Una pena. Pero no mayor que la que sentía Borges cuando se refería a los peronistas.
Borges es una guía de autoayuda para los momentos difíciles de un columnista. Acudes a él, o lo piensas, y siempre sale alguna idea como una paloma de la chistera de un mago taciturno. Una de sus obsesiones eran los círculos.
En ellos contemplaba definida la teoría del eterno retorno, esa que tanto lo soliviantaba. También veía en los círculos el espejo de la infinitud, de la continuidad de todas las cosas en medio de un universo diseñado con precisión algorítmica. Los laberintos que lo perturbaban cabían también en las figuras circulares. Para Borges, el círculo era también la metáfora de Dios, ese ser superior en que creía y no creía. Círculos y esferas perturbaban sus insomnios y a lo largo de toda su obra, poética o narrativa o argumentativa, los escribió y describió con maestría. En el círculo todo comienza y todo termina. Pero ese término, paradójicamente, no tiene fin.
Julio Cortázar también hablaba a menudo de los círculos y su teoría literaria, que transitó entre la novela y el relato corto, la especificaba de modo sintético. Decía que el cuento debía construirse, estructurarse, como un círculo: el final debía estar definido en el principio, y viceversa. Era la edificación literaria perfecta. Yo he pasado años explicando en la universidad que no se puede escribir un relato sin conocer, ya en el arranque, su final. No sirvió de mucho. Ahora ya todo el mundo escribe como le da la gana y las estructuras apenas importan. Se escribe para conseguir el éxito de público; apenas se escribe, y bien que lo siento, para conseguir el éxito literario (la excelencia). Dejémoslo. Vayamos con Cortázar y sus teorías. La novela la definía como una línea de puntos sucesivos que no tenía necesariamente término, que podría continuar eternamente.
Y llegado el remate de la columna, el lector se preguntará para qué este exordio de un letraherido. Es sencillo. El círculo se inició con la defensa, proferida por José Luís Ábalos, en la moción de censura contra Rajoy (2018): llegaban los boni viri para ahuyentar la indecencia y la corrupción. Y, con la condena de veinticuatro años de cárcel para el susodicho, remata el círculo. Es el cuento perfecto, diría Cortázar. Pero, en realidad, es el eterno retorno. El círculo de los hombres buenos (el lado correcto de la historia, dicen) se ha instalado en las entrañas del país. Sus promesas han sido falsas. Pero qué importa eso. En España ya nada parece importar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario