A opinión dos docentes...non conta?

12 abr 2015

Abochornados estamos, por cómo dicen que mejorarán la Educación y lo demás


Abochornados estamos, por cómo dicen que mejorarán la Educación y lo demás

A base de ponerse de perfil, quieren hacernos creer que lo han hecho muy bien y que todo lo van a mejorar más. Es cuestión de “trabajar, hacer, crecer”.

A muchos ciudadanos les sucede lo que al juez Ruz, que no logran entender que el PP se sienta “ofendido” por las actuaciones de sus extesoreros –Bárcenas principalmente-, pero sí que le ven como presunto “responsable subsidiario” de las provechosas gestiones de éstos. Lo de “presunto” va más allá de la ficción semántica y no sólo se refiere a lo que cuentan los famosos “papeles”, sino que se extiende a toda una sistemática línea de gestión política que, en lo que atañe al Gobierno central del Estado, abarca primordialmente estos tres años pasados y, en algunas autonomías y ayuntamientos, ya casi ni se sabe.

Esto de hacerse los “ofendidos” y “perjudicados” -“abochornados”, acaba de decir el mismísimo Rajoy- o ponerse de perfil para que no veamos que vaya con ellos una muy probable desafección de votantes, está muy bien como táctica de despiste. E igual vale para el “presunto” crecimiento económico: si hasta las graduales elecciones que vienen nadie se fijara más que en los datos macroeconómicos que nos repiten de continuo, estaría muy bien para hacerse valer. Si España se hundía en un tenebroso agujero y han logrado rescatarla, de modo que ya somos el centro de atención predilecto de cuantos nos observan, es lógico que aparenten no entender la reticencia desagradecida de tanto ciudadano. Porque lo que está sucediendo -según atestigua el Barómetro del CIS del mes de marzo-, es que el 80% de los españoles no lo cree: el 74,5% piensa que la situación económica es “mala o muy mala”; sólo un 2,5% dice que sea “buena o muy buena”, mientras un escaso 23% aprecia que es “regular”. Traducido a preocupaciones, al 80,3% de los encuestados le parece que el mayor problema de este momento es el del empleo, seguido, para un 50,8%, de la corrupción de que tenemos constancia. Entre las otras 41 posibilidades de responder a esta cuestión, la educación, con un 9,2%, ocupa el cuarto lugar, tras los problemas “de índole económica (24,9%), los políticos y la política (20,0%) y la sanidad (11,8%). Anota también el CIS que, para algunos –sin llegar a uno de cada tres- ha crecido levísimamente la expectativa de mejora para lo restante del año. Está por ver que crezca con suficiente aliento como para renovarles la confianza a los actuales gobernantes, especialmente antes del 24 de mayo: es poco tiempo para dejarse seducir, por muy intensa que vaya a ser la propaganda del “trabajar, hacer, crecer”, como paradigma de que tienen “la fórmula para resolver los problemas de los españoles”

Sucede, además, que no cabe dulcificar mucho lo que excesiva gente vive de lleno o muy de cerca. Por un lado, porque hay datos que no redondean bien el relato de lo realizado en estos tres años. El del crecimiento del empleo y de los afiliados a la Seguridad Social de la última EPA, por muy dignos de ser tenidos en cuenta o muy loables que sean, no alcanzan todavía a lo que dicen heredado de la legislatura anterior: faltan 8.580 nuevos empleos para alcanzar la cifra de parados de finales de marzo de 2011 -cuando eran 4.442.359- y, en cuanto a la Seguridad Social, todavía faltan 397.121 afiliados para llegar a la cifra de entonces. Y por otra parte, está lo cualitativo que subyace a la fría aritmética, porque los datos en cuestión no tienen en cuenta las condiciones de los españoles que los sufren, cuando gran parte obedecen a la llamada “reforma laboral”, los salarios, tipos de empleo, precariedad y pobreza que ha inducido este equipo de Gobierno. Es decir, que el relato del crecimiento y recuperación –que supuestamente nos está abocando hacia un final feliz después de una situación muy crítica- parece inspirado en la perspectiva del 2,5% de quienes opinan que la situación es buena o muy buena. Como si estuviera dictado por el selecto grupo de los grandes inversores del IBEX-35 y se olvidara del resto de españoles. Cuando Mariano instaba a los suyos el pasado día siete a algo tan poco metafísico como “distinguir lo importante de lo que no lo es”, les estaba proponiendo la senda por donde debían ir sus ocupaciones electoralistas y que no venía al caso mostrar qué hubiera detrás de los datos de “crecimiento” que esgrimía. Pero al margen de estratégicas conveniencias para que la propuesta de futuro fuera más guapa, en el plano social la situación de mucha gente no sólo no ha variado, sino que ha empeorado: muchos incluso han perdido ya la esperanza. Por mucho que se quiera negar -como hacen permanentemente los fautores de este felicísimo relato-, esta terca realidad sigue ahí y eso es lo que certifica la última encuesta del CIS. En definitiva, una profunda decepción ante las propuestas de renovación de confianza de voto que esgrime ahora el PP como si nada tuviera que enmendar de lo ejecutado en estos años. Muy difícil va a ser que convenzan a suficiente gente en las convocatorias electorales inmediatas tan sólo con esta retórica.

Lo sucedido en Andalucía es un aviso, al que lo que ha sobrevolado la última reunión de la Junta Directiva del PP no parece haber atendido. Increíble es el mensaje de renovación y transparencia con que amagan ahora, después de tantos años con serios problemas de tal tenor en su centro directivo y, por contagio, en otros territorios. E insostenible es, asimismo, que, a base de fiarlo todo a una presunta progresión de la economía -con un crecimiento tan selectivo como el actual y sin modificar un ápice lo decidido estos años en cuanto a prestaciones y derechos sociales-, vayamos a sentirnos felices algún día. En estas circunstancias, tanto el haber tenido que “lidiar situaciones muy complejas y muy difíciles”, como el pedir ahora “un nuevo esfuerzo por España” -pero gobernando siempre del mismo lado y sin mirar apenas para el otro-, contentará a incondicionales, pero suena falso en un país de creciente desigualdad. Es más, exige aquella virtuosa paciencia que debían tener los mortales de este valle de lágrimas para obtener la felicidad eterna: lo predicaban los “privilegiados”, con el afán no tanto de la felicidad ajena –por tardía que fuera-, sino para que los del común no protestaran por las mil penalidades que debían soportar para buscarse la vida sin garantía alguna.

Históricamente, además, no es verdad que a mayor bien de los ricos, más mejoras tendrán los pobres: el esquema político de la caridad y de la beneficencia esconde siempre una insalvable asimetría en que ni se atiende a todos ni, por otra parte, tal atención esta exenta de obligación agradecida a la buena conciencia de los voluntariosos benefactores, patronos casi siempre y con intereses ajenos a la comunidad cíudadana. El sueño de la burguesía bien asentada del XIX fue que los trabajadores ahorraran y que, así, subvencionaran sus posibles problemas futuros. Así nacieron las Cajas de Ahorros en los años 30 del siglo XIX, para facilitar tal posibilidad a los asalariados con pequeños excedentes, mientras la administración de los recursos allegados de este modo corría a cargo de la sociedad más selecta, que, sin poner un duro, se autoproclamaba “benéfica”: Mesonero Romanos, como primer Secretario del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, escribió no poco sobre ello, lo mismo que D. Braulio Antón Ramírez, prolífico publicista de la educación social a través del “providencial ahorro”. Más cerca de nosotros, cuando en los ochenta del pasado siglo los neoliberales empezaron a copar varias legislaturas en EEUU e Inglaterra, la tesis de que el Estado era ineficaz y resultaba una “carga” si atendía a los más necesitados pronto adquirió carta de naturaleza, como dejó bien analizado John Kenneth Galbraith en La Cultura de la satisfacción (Ariel, 1992): el creciente egoísmo de quienes se consideran satisfechos es el que impide o dificulta extraordinariamente una atención a cuanto no sean sus intereses inmediatos, la escuela pública, la sanidad universal, las atenciones debidas a los grupos sociales más débiles o a la disponibilidad de las infraestructuras que sólo se pueden pagar con los impuestos de todos. Nada que ver por tanto, con la teoría de que a mayor beneficio del capital, mejor les irá a los trabajadores. El “crecimiento” actual que tanto se pregona contradice esa tesis: incluso muchos con contrato indefinido han visto mermados sus ingresos y no son pocos los que rondan la exclusión. ¿Cuál es el límite de la apropiación de las plusvalías en la reprogramación del “trabajar, hacer, crecer”?

Ahora mismo, y por ceñirnos a inversiones en educación e innovación, no se les advierte enmienda alguna en su activismo. Por poner un ejemplo gallego, ahí está Feijóo reiterando, el 18 de marzo, un gasto millonario en publicitar medidas de emprendimiento e innovación, en que deberá destacarse el “esfuerzo intenso” para generar riqueza y empleo (¿?). Por otros lares tenemos el ejemplo de cómo se administran en Castilla-La Mancha los comedores escolares: se le cobra a la gente de más y el excedente se emplea en gastos generales del sistema, contribuyendo así los más débiles al sostenimiento del conjunto. Conocidos son asimismo las desgravaciones del IRPF que se hacen en algunas Comunidades a quienes envían sus hijos a colegios privados, tirando por tierra toda la teoría –y sobre todo, una justa corresponsabilidad efectiva- sobre la progresividad impositiva. De similar cariz son las múltiples denuncias que se han hecho en diversas partes de España a propósito de la cesión de terrenos públicos para colegios concertados, una situación que no cesa y que todavía estos días ha tenido como protagonista a la FAPA Giner de los Ríos de Madrid, a causa de una situación de este cariz en Móstoles. En fin, la lista de agravios en este terreno es larga. Baste , para comprobarlo y ver de paso las variadas modalidades que adopta una gestión política empeñada en debilitar la enseñanza pública y dar creciente hegemonía oligárquica a la privada, la intervención del presidente de esta Federación de padres y madres, José Luis Pazos, en la Comisión de Educación de la Asamblea de Madrid el cuatro de marzo pasado. No se ha de olvidar que Madrid no ha necesitado la LOMCE para experimentar todas las formas de segregación y exclusividad que propicia la presunta “libertad de elección” de centro y sus connotaciones neoconservadoras: de tiempo atrás ha sido fervorosa zona experimental de tanta innovación y “mejora” como ahora se está generalizando. Por cierto, ¿no era de “mejorar” y “mejora” de lo que iban las ideas fuerza que proponía Rajoy el otro día a la credulidad de los 500 junteros principales de su PP, a la espera de que esparcieran la buena nueva entre la desconfiada grey?

Atentos, pues, a lo que viene, porque estos misioneros ya han iniciado la reconquista de la feligresía descreída. De momento, esgrimen la zanahoria de la felicidad de las “presuntas” rebajas de impuestos –que deben ir a más, según asegura Aguirre-. Nos lo hizo comprender Cifuentes el pasado día 6, fijándonos la atención en que, con ellos en la Comunidad, la transmisión hereditaria de un piso no es nada si se compara con lo que tendrían que pagar los madrileños con otras fuerzas políticas en el Gobierno autónomo: la mejor política social –precisó- es la que cada uno administra con el dinero de su bolsillo…. Si no fuera suficiente con el halago al interés egoísta, pronto acentuarán las tintas con el miedo que debiera inspirarnos cualquier aventurerismo de cambio. Atentos: los tiempos preelectorales son muy educadores, y el palo y la zanahoria claves del conductismo pavloviano.




Temas: LOMCE, “Crecimiento económico”, Políticas de austeridad, Elecciones municipales y autonómicas, Barómetro del CIS, EPA, Comedores escolares, Propaganda partidista, Elecciones andaluzas, Rajoy, Feijóo, Aguirre, Cifuentes, Galbraith, José Luis Pazos.




Manuel Menor Currás
Madrid, 09/04/2015






7 abr 2015

Ler e escribir tarefas primeiras e urxentes para os medios e o ensino


A última novela de Umberto Eco repasa algunhas tarefas que si poden cumprir os medios, máis aló da súa crise sistémica. Volve, dalgún modo, sobre Apocalípticos e Integrados.

A entrevista de El País a Umberto Eco con motivo de Número Cero, o pasado 30 de marzo, fixo que as lecturas destes días tomasen insólita perspectiva. Pasado todo por esa criba orientadora, desconfiada do que os medios adoitan ofrecer de contino, este foi o cadro nutricional do menú degustado.

Para abrir boca, unha aproximación á Historia de la edición en España entre 1939 e 1975 (Madrid, Marcial Pons, 2015), unha especie de visión enciclopédica da cultura escrita e publicada no período franquista. Coordinada polo catedrático da Complutense Jesús Antonio Martínez, continúa un traballo de investigación sobre o multidisciplinar mundo do libro e a lectura que xa tiña un precedente no estudo que, cun equipo de investigadores algo menor, había coordinara sobre os cen anos anteriores (1836-1936). É moi probable que prosiga traballando, para un terceiro tomo, o sucedido no territorio dos libros desde 1975 ata hoxe. Aquí pódense ler -e é moi importante para entender trazos de lectura herdados no noso presente- desde as difíciles peripecias dos libros e bibliotecas na inmediata postguerra, as dificultades de edición que tiveron que sortear posteriormente -coas artimañas consiguientes dos editores para sacar partido das súas ambiguas relacións persoais-, as normativas de edición e control que tiveron vixencia en tan longos anos, a importancia -para o ámbito editor- da LXE (Lei Xeral de Educación) de Villar Palasí en 1970, cos cambios que supuxo para os editores de libros escolares, a importancia destes para a construción de grandes grupos editores actuais como PRISA ou Planeta -non só de libros, senón de medios diversos-, e, ademais, un repaso ao crecente papel dos libros nos salóns domésticos como referente simbólico de ascenso social -como moi ben soubo ver, entre outros, o Círculo de Lectores- e, para remate, unha perspectiva dos principais tipos de libros -non só os de estrita literatura-, entre os que se dá atención especial ao libro ilustrado, o libro infantil e xuvenil ou os libros escolares. Nesta obra desfilan as contradicións e as raíces do que foi e é actualmente o mundo do libro e a lectura, o que fará que sexa un referente para cantos queiran ter opinión fundada respecto de este ámbito. Como todo libro de tan ampla pretensión e características, este non ten todo o que sobre o particular poida dicir un escrupuloso especialista, pero achega gran cantidade de información e unha coherente explicación para coñecer mellor os miúdos do libro e a lectura, o ámbito cultural máis próximo e inmediato a todos os cidadáns. Froito de análise detida, entre outros, do arquivo do INLE (Instituto Nacional do Libro Español), de memorias de empresarios e de tratamento do libro como documento de múltiples rexistros informativos, cobre un espazo que ata este momento carecía dunha visión tan compacta e suxerente. Se o tiña xa noutros países da nosa contorna e é abondo probable que o autor piamontés -moi bo coñecedor de amplos capítulos da cultura escrita, de antes e despois de Gutenberg- teña un bo fornecemento deste xénero bibliográfico na súa rica biblioteca.

Españopoly. Como hacerse con el poder en España (o por lo menos intentarlo) , é un libro da xornalista Eva Belmonte, que acaba de publicar Ariel. aproveitei as físgoas da prolixa información que os medios servían sobre os de desfiles e pasos da Semana Santa para degustar esta delicia gustativa. Creo que a Umberto Eco, veulle ben para montar unha trama novelesca que nos ilustrase sobre os os recunchos da opacidade que teñen gran parte das decisións gobernamentais en España -tamén as educativas e culturais, ou as subvencións de diverso tipo a xornais, revistas e libros-, prolongada agora mesmo baixo sesudas reiteraciones intrascendentes á “transparencia”. Aquí atopase, ademais, unha sólida fundamentación baseada en algo que ao filólogo e xornalista italiano élle moi querido: a análise de textos. A autora -e a Fundación Cidadana Civio, con quen traballa- len amodo o BOE e contextualizan as resolucións e decretos a que dá cabida, para facernos caer na conta dos recunchos do poder: quen fan as normas, a que intereses obedecen, a quen benefician especialmente, aparecendo deste xeito bastante espidos os selectos grupos da élite económica e política que nos gobernan. O que o BOE noso de cada día mostra, sumado ao que o “Indultómetro” engade e o que pode documentarse nos escasos rexistros públicos dalgunhas fundacións e organizacións, pode verse con gran perplexidade que pasa co noso diñeiro público e a que mans principais revirte primordialmente. Neste libro aparecen bastante claros os camiños que representan algúns colexios privados “o do Pilar, da c/ Castelló de Madrid, é un modelo- no comezo do xogo social, quen son os xogadores de verdade e que papel ten niso a herdanza, as portas xiratorias entre o público e privado ou viceversa, os indultos de cárcere e deshonra, e o cambio de cadeiras entre uns e outros para non estar nunca lonxe do poder -e dos recursos-. Eses son outros tantos capítulos polos que decorre a análise. O seu título, a imitación do Monopoly -o xogo de mesa ao que chamabamos “Palé” a finais dos cincuenta- non é mera metáfora, esa fórmula literaria que adoitamos empregar para aproximarnos mellor á realidade, sobre todo cando é moi dura. Este afán crítico do libro tamén cumpre cunha das venturas que Eco querería para a prensa de continuo.

El entierro de Genarín (reedición de Alfaguara, Madrid, 2015, con ilustracións de Antonio Santos) era unha boa sobremesa preparada por Julio Llamazares, moi apto para ser relido en Semana Santa. A medio camiño entre a narración picaresca e a moi irónica contextualización da crónica de sucesos provinciana, este inclasificable relato conta con gran detalle a recuperación dunha procesión profana que segue tendo vixencia o xoves santo en León. Todo parte dun accidente mortal no ano 1929, ao que un grupo de amigos de variada condición decidiu dar vida cerimonial para rememorar periódicamente ao personaxe central daquel acontecemento, o pobre Genarín. Esta primeira narración que Llamazares logrou editar en 1981 por primeira vez, transcorre entre livaciones, poemas e recordatorios de diverso alcance: son constantes as referencias á vida urbana leonesa dos primeiros anos da transición, e transpira unha profunda bonhomía e gran sentido do humor por todos os costados. Apareceu por primeira vez en 1981 e fun testemuña próxima dalgunhas das seguintes -a cargo de Jesús Moya para Endymion-, en que o autor mostrábase sempre alleo ás insinuacións de editoriais moito máis poderosas para reeditar o tal enterro: sempre se mostrou rigorosamente fiel co seu primeiro editor madrileño. Seguiría tendo bo futuro o recordo deste peliqueiro leonés se fosen moitos os que imitasen ao seu cronista no quefacer xornalístico cotián.

Redes internacionales de la cultura española (1914-1939) é unha exposición breve e escueta que pode verse no Museo da Paixón, do Concello de Valladolid, ata o 10 de maio. Non foi propiamente un prato de lectura, salvo que entendamos que entre ver e ler non hai gran diferenza, pois non se trata de descifrar mecánicamente signos, senón, sobre todo, de desenvolver a capacidade comprensiva un pouco máis plausiblemente. Case á beira da Praza Maior vallisoletana, centro de múltiples encontros procesionales -ata 33 pasos nalgunha delas-, tiña reclamo suficiente para ampliar coñecemento sobre algunhas das características culturais do noso presente. A decepción, con todo, foi considerable porque o que esperaba ver non o vin e, por conseguinte, quedáronme no aire máis preguntas das razoables. É probable que a outro espectador lle sucedese algo distinto. Non o sei, pero por ningún lado logrei ver alusións claras ao contexto en que se producía aquel ir e vir de personaxes importantes do noso panorama intelectual e académico ao estranxeiro ou, á inversa, o como e porqué das viaxes a España dalgúns dos grandes fitos da intelectualidad europea e americana. Menos puiden decatarme da onde habían ir a parar e por que as presuntas “redes internacionais da cultura” unha vez chegados a 1936 e, menos, a 1939 ou posteriormente. Algunhas confusas adxecións -e outras alusións desteñidas ou mixtificadas do programa de man- engadíronme non pouca perplexidade a canto podía verse en vitrinas e paredes -pouco e moi seleccionado-. En definitiva, no canto de poder ler informativamente tiven que facer hipóteses interpretativas -¡e oxalá me equivocase!- sobre de se os artífices do evento expositivo tiñan ou non un concepto excesivamente idealista do que sexa ese momento histórico, as institucións a que deu lugar -coa súa secuencia posterior- e, tamén, sobre do que deba ser a historia mesma e a súa función cívica. Creo que a Umberto Eco tampouco lle gustou esta proposta expositiva que difícilmente permite entender o que di mostrar, pola cantidade de documentación que parece interesada en disfrazar e esconder á vista. A maxia deste xénero de exposicións adoita consistir en que non só mostren coherencia e diálogo uns elementos con outros, senón en que todos xuntos sexan un mosaico que permita entender dun golpe un proceso ou secuencia de procesos dignos de coñecemento. A desta parece que se cifrase en facer ver aqueles anos de auténtica crise europea e mundial como un peculiar milagre español, ao que se evitase documentar suficientemente para que resultase tal.

Umberto Eco, en correspondencia co que escribira en 1964 sobre Apocalípticos e integrados, volve, no artigo arriba citado, sobre a comunicación de masas e, especialmente, sobre Internet e a crise do xornalismo. Tamén sobre algunhas das súas virtudes e posibilidades, entre as que cabería -di- “un xornal que se converta non só en crítica da realidade cotiá, senón tamén da realidade virtual”. Para o que, sería imprescindible que cambiase moito o modo de facer por parte de cantos interveñen nas propostas actuais de lectura. El mesmo fala de que a prensa se acredite analizando, contrastando, contextualizando, poñendo en valor o que merece a pena e relegando ao esquecemento o que, pese á súa aparencia, tan só é lama e baldeira frustración. Máis aló da prensa -e máis acó-, é clave esta posición comprometida se non se quere incurrer en descrédito e desafección máis profunda que a existente. Porque, hase de recoñecer adicionalmente que as novas xeracións non teñen problema coas novas tecnoloxías de lectura e, tamén, que xa teñen outro modo de lectura, máis fragmentario e disperso que o das anteriores. Co cal, o encontro interxeracional democrático necesitado está de que as propostas que, no plano cultural e educativo se están facendo, o teñan en conta se non queren caer no baleiro estéril. Evidentemente, todo iso ten que ver coa política. E, particularmente, coa educativa: recorden, ao efecto, aqueles debates continuos de todo tipo de axentes contra un “ensino comprensivo”, accesible a todos. Ninguén se estrañe agora de tanta xente con problemas serios para ler no sentido máis rico do que isto significa e cara ao que apunta Eco: non só o detectou PISA, senón multitude de profesionais de todos os campos do coñecemento.


Temas: Umberto Eco, Lectura, Novos medios, Cultura escrita, Funcións políticas da educación, Historia de la Edición en España (1939-1975), Españopoly, El entierro de Genarín, Redes internacionales de la cultura española (1914-1939).

Manuel Menor Currás
Madrid, 05/04/2013

31 mar 2015

Eleccións do 24 de maio: o ensino que demanda a actual oposición


É hora de non fiarse do que queira inducir a propaganda do medo. É hora de decidir que país queremos: observar cuidadosamente e votar en consecuencia.


Aínda se oe de cando en vez que, como ao parecer crece a economía, “as políticas do PP funcionan”. Así o pregoaba na campaña electoral andaluza a vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Pasadas estas eleccións, é máis discutible o argumento xustificativo, porque non parece que un suficiente número dos convocados a votar o percibiu. Os estrategas das seguintes eleccións de maio xa están cambiando a argumentación ideolóxica e, tamén, as comparecencias significativas de personaxes que conmovan ao persoal e potencien as súas candidaturas municipais e autonómicas.

Esta estratexia reservona non lles privou, con todo, de aprobar unha das súas leis máis simbólicas da súa folla de ruta reformista, a Lei de Seguridade Cidadá, que pretende acalar as múltiples protestas que este Executivo suscitou nunha poboación hastiada de que -co pretexto da crise- debeu cargar coa inmensa maioría dos recortes en prestacións sociais. Especialmente, en tres ámbitos que xa modificaron sustancialmente a vida de moita xente. O dos dereitos laborais e o emprego, cunha Reforma laboral que ha precarizado a todos e non dará xa traballo a moita xente. O dunha Sanidade que deixou de ser universal e tende a desmellorar todas as súas prestacións. E o dun sistema educativo empobrecido na súa dimensión pública coa LOMCE e, agora mesmo, con tres decretos que están pesando xa sobre a universidade, dos que o máis soado estes días pasados foi o da flexibilización dos ensinos universitarios oficiais, mentres dá aire ás fórmulas de iniciativa privada. Todo o cal, en boa lóxica estatística, está derivando en crecente desigualdade e que imos camiño de que resulten gravemente danadas as relacións interxeneracionais. Anotábao hai pouco Save the Children, ao sinalar -en España- a 8.364.567 nenos e nenas con diversos grados de pobreza e, como comentaba o catedrático Rafael Feito no seu blog, é “unha contundente proba empírica de que a política educativa da austeridad condénanos  a un presente e a un futuro marcados por desigualdades cada vez máis inxustas”.

Se o positivo que poida ter a evolución económica só é percibido por moi poucos, máis dubidosa é a presunta capacidade xestora de que alardearon os estrategas do PP. Non só porque boa parte do mérito que se atribúen no tan reiterado “crecemento” obedeza a razóns exógenas á súa xestión -como matizan os informes máis independentes-, senón ademais porque non logran sacudirse os abundantes casos de presunta corrupción en que están inmersos demasiados exdirixentes seus e a estrutura mesma da súa organización. Independentemente de que poidan prescribir moitos deles no transcurso destes últimos 18 anos -sen contar os anteriores- , que sexan sobreseídos outros ou logren nos tribunais condenas de mínimo estropicio, será difícil demostrar inocencia ante a cidadanía e que esta mude a súa estupefacción en credulidade disposta a votarlles nos comicios inmediatos para obter así maiorías suficientes. É moito descrédito acumulado, difícil de remover malia a prolífica “propaganda institucional” crecente de Concellos e Comunidades en que gobernan. Sobre todo, porque o autobombo non elimina senón que amplifica o que fixeron, e contamina as razóns que -segundo alegan- os incitaron a executar algunhas das medidas “indesexadas”. Só os moi adeptos créeno ou finxen crelo, mentres as enquisas son desbordadas polos tendentes a pensar que lexisladorn e gobernaron e gobernado case exclusivamente pro domo sua. Tanto celo en pregoar situacións idílicas fronte a unha descomunal débeda cuxa orixe e desenvolvemento non están interesados en aclarar, non é capaz de atallar sobradas sospeitas de que nin esa débeda nin ningún dos recortes sociais sobrevidos responde a causas xerais senón a intereses das grandes corporacións e entidades financeiras, ás que -polo que expresan as súas formas de goberno- xurasen obediencia servil.

Lección relevante das eleccións andaluzas é que as desviacións económicas e as maiorías políticas do pasado son contempladas con indignación polos cidadáns. Non outra é a explicación do voto a formacións de novo cuño que lles pareceron máis próximas na aclaración de responsabilidades no xestionado e, sobre todo, para a administración futura dos bens públicos e servizos a que co orzamento de todos teñen dereito. Polo cal, razoable é que sexa grave en medios afins aos actuais gobernantes o temor a un envorco aínda maior das expectativas de voto na cita electoral do 24 de maio (municipais e autonómicas), porque é moito o poder que está en xogo. Sobre todo, o que confire a administración de Sanidade e Educación. Con todo, para non invocar milagrerías, podería ser de utilidade aos estrategas electorais do partido hexemónico neste momento que estudasen amodo algúns dos programas e aspiracións doutros grupos políticos e de colectivos que, nesta lexislatura pugnaron por defender outro parámetros de gasto educativo ben distintos. Se ao estudo detido lles seguisen resolucións de compromiso con estes discordantes, poderíanse evitar non poucos sinsabores e, de paso, gañariamos tempo para enmendar tanto tempo perdido en xerar un custoso legado como o que moitos deixan detrás, máis segregador e clasista. Co agradecimento que suscitaría este envorco tan contrario á soidade en que se compraceron en actuar estes anos -de variada amplitude segundo Comunidades-, rabuñarían máis votos que coa propaganda habitual con que tratarán de obnubilarnos.


Aquí van para dar cabida esta insólita forma de actuación que agradeceriamos- un conxunto de enlaces onde poderán tomar nota do que desexa esoutra cidadanía á que tan contrariamente viñeron desgobernando:

. CEAPA: en defensa do dereito á educación.

. CCOO: a Educación que queremos.

. CIDADÁNS: as súas ideas

. COLECTIVO LORENZO LUZURIAGA: achegas ao debate electoral.

. EUROPALAICA: Por unha escola pública e laica.

. FORO DE SEVILLA: outra política educativa

. ESQUERDA UNIDA: para outra política educativa.

. MAREAVERDE (Madrid): por outra educación.

. PSOE: para un programa de 2015 (Andalucía como referencia).

. YOESTUDIENLAPUBLICA: A educación que nos une.


O milagre sería -en Semana Santa nunca se sabe- que os que dictaron a LOMCE e puxeron diante de todo a fraudulenta superioridade da economía mirasen a estes outros cidadáns como iguais, tratasen de dialogar con eles e desen cabida ás súas demandas. Están empezando a saber que a dureza de oído -que non a “firmeza” na arte de gobernar- ten mal arranxo, como non sexa o do cabreo dos presuntamente gobernados á hora de votar. Aínda que non estean aquí todos os seus proxectos, este conxunto expresa a repulsa que plataformas de diversa composición expresaron no transcurso desta lexislatura sen lograr nunca ser tidos en consideración. Está, en todo caso, o máis relevante do denominador común do que quixesen agora mesmo que fose a Educación, sector primordial da vida en comunidade. Pero lastimosamente, no canto de escoitar aos discrepantes, seguramente volveremos ver o que tanto vimos en vésperas electorais e que Bernardo Berlich sintetizou nunha das súas últimas viñetas: “E en vista ás próximas eleccións, decidimos mellorar os indicadores de pobreza”. E engadía o que una das Historias exemplarizantes de Valerio Máximo xa dicía no século primeiro (cara ao 27 d.C.): “A 300 metros hai un indixente. É pobre pero feliz”.

En contrapartida, todo votante ten dereito a exercitarse debidamente neste tempo de tregua relativa. No canto de deixarse comer o coco pola confusa neolinguaxe que xa marea as súas neuronas, a honestidade básica esixiralle ler un pouco e decatarse ben do que convén ao presente e futuro dunha España de todos. Ha de repensar se é coherente que sigan mandando os que empreguen os seus cargos públicos para deixar tirado ao común dos cidadáns e facer crecer o clientelismo de amiguetes. En menos de dous meses poderá votar: non debería ser para seguir arrepentíndose despois.


TEMAS: LOMCE, Programas educativos oposición, Eleccións andaluzas, Eleccións 24 de maio, Save the Children, Lei de Seguridade Cidadá, Expectativas de voto.



Manuel Menor Currás
Madrid, 29/03/2015

25 mar 2015

Queda pendiente el homenaje a los republicanos españoles de LA NUEVE en París


"Los republicanos que contribuyeron a liberar París el 24/05/1944 iban a ser homenajeados hoy, 25/03/2015, por Felipe VI. Debido al accidente aéreo han sido suspendidos los actos programados"

Anne Hidalgo, la alcaldesa actual de París nacida en San Fernando (Cádiz,1959), está haciendo mucho por la memoria histórica de los españoles que tuvieron que dejar España en 1939. A instancia suya, mañana, 25 de marzo, con motivo de la visita de Estado de Felipe VI a la capital francesa, se iba a inaugurar una placa en el Ayuntamiento parisino en que quedaría constancia de que el jardín inmediato a su plaza pasaba a denominarse “Jardín de los Combatientes de la Nueve, liberadores españoles de la Villa de París el 25 de agosto de 1944”. Han pasado 70 años y medio desde que La Nueve, compañía de la División Leclerc integrada en gran parte por españoles exiliados de la Guerra Civil, lograra entrar en ese punto neurálgico de París. De aquel amplio grupo de 146 soldados sólo quedan dos supervivientes, uno de los cuales iba a participar como invitado en los principales actos que estaban programados para este homenaje. El otro está hospitalizado.

Es un buen momento para regocijarse con este reconocimiento, aunque de momento se haya truncado la celebración. En París, han tardado en admitir oficialmente la participación española en la liberación de la ciudad: las urgencias políticas del General De Gaulle, las sombras de la prolongada “Guerra fría” y el particular tránsito de nuestra última Transición han hecho que la particular odisea de los casi 3000 españoles que se alistaron en lo que acabaría llamándose División Leclerc, fuera tan poco conocida fuera del círculo de los más allegados, sus descendientes y cuantos se sentían interpelados por que las fotografías de los primeros vehículos que entraron aquel 24 de agosto de 1944 en la ciudad parisina llevaran rótulos de batallas significativas de la fratricida guerra española u otros alusivos a la “España cañí” o a “Don Quichotte”.

A lo largo de tanto tiempo transcurrido desde 1944, los protagonistas de aquellos días parisinos –cada año más menguantes- y sus amigos pronto empezaron a organizar, por motivos de exilio, resistentes actos reivindicativos de su memoria. En el cementerio del Père Lachaise, por ejemplo, o ante el propio Hôtel de Ville, mientras los relatos oficiales de las jornadas liberadoras de agosto marginaban siempre, de manera consciente, la presencia española –y otras presencias extranjeras- en aquella guerra. Todavía el 22 de abril de 2013, cuando también por iniciativa de Hidalgo, se mudó el nombre de la céntrica plaza delantera a la fachada principal de ese edificio –muy próxima al jardín que ahora se llamará de los Combatientes-, para recordar el final nazi en la ciudad del Sena y llamarse Plaza de la liberación, sólo de forma encubierta se mencionó a estos republicanos españoles bajo un genérico “elementos avanzados”, al mando del capitán Dronne, quien, sin embargo, no se había olvidado nunca de ellos. En estos últimos años, sin embargo, cuando algunos supervivientes han vuelto a esta misma plaza para homenajear a sus amigos, sus nombres y banderas han ondeado al lado de las francesas y sus autoridades. Además, el recorrido que en el París ocupado por los nazis hizo aquella columna de españoles, desde la Puerta de Italia hasta el propio Hotêle de Ville, está jalonado por doce medallones en bronce y mármol con el reconocimiento explícito: Aux Republicains Spagnoles, composante principal de la Colonne Dronne. Ya en agosto de 2004, el entonces alcalde de la ciudad, Bertrand Delanoe, y el Presidente del Senado español, Javier Rojo –acompañados de dos veteranos españoles integrantes de la Dronne- habían inaugurado otra placa de homenaje a las orillas del Sena, cuando se cumplían 60 años de la gesta.

El periplo de estos hombres, empezó a ser más conocido desde hace ocho años. En 2007, Rafael Torres biografió a Amado Granell, el teniente oriundo de Burriana que comandó al grupo de españoles: en la primera fotografía que había publicado Liberation el 25 de agosto de 1944, aparecía en el Hôtel de Ville parisino al lado de Bidault, el Presidente del Comité Nacional de la Resistencia. En 2008, Evelyn Mesquida, corresponsal de Tiempo, escribió la aventura de estos españoles de La Nueve como “liberadores de París”. Y en abril de 2014, la propia alcaldesa actual de París –descendiente de republicanos e hija de inmigrantes españoles- escribía un interesante prólogo a una novela gráfica que, editada el año anterior por Astiberri Ediciones, se traducía al francés como LA NUEVE, les républicains espagnoles qui ont libéré Paris. El guión y las viñetas eran de Paco Roca, que seguía la azarosa peripecia de los 20.000 exiliados desde Alicante a Argel. Hidalgo recordó entonces que: “no olvidamos nunca que había hombres cuyo país no había sido liberado y que no lo sería durante mucho tiempo”.

En España, queda mucho por recorrer. El pasado 20 de agosto me preguntaba, en este periódico, si sería mucho pedir que, “después de 70 años, las autoridades francesas que presidan el homenaje del próximo 24 de agosto en esa Explanade de la Liberation parisina, estuvieran acompañadas por personalidades españolas de similar rango institucional” al del Presidente Hollande, que había estado presente en algunas ocasiones últimas. Después de que el homenaje a su memoria hubiera sido incluido entre los actos de Felipe VI en su viaje de Estado a París, sólo cabe alegrarse por los dos supervivientes españoles de La Nueve, porque al fin parece que iba a ser reconocido –no sólo por los parisinos- su sacrificio en pos de los derechos y libertades democráticas: siete meses después de que en París se conmemorara el 70 aniversario de su liberación, la celebración que iba a tener lugar este 25 de marzo, alcanzaba un rango de singular relevancia. Independientemente de que se fije para más adelante el cumplimiento de lo proyectado en la agenda del Jefe de Estado español para el día 25, queda pendiente, en todo caso, similar gesto público dentro de España. No sólo en memoria de este puñado valeroso de republicanos de LA NUEVE, sino de cuantos -dentro y fuera- han sumado, durante todo este tiempo, represalia y olvido por esfuerzos similares no reconocidos oficialmente. Es hora de normalizar nuestra memoria y convivencia colectivas, empezando por los libros escolares de nuestros hijos.

TEMAS: Memoria histórica, Convivencia colectiva, Liberación de París, La Nueve, División Leclerc, Anne Hidalgo, Hollande, Felipe VI, Amado Granell.

Manuel Menor Currás
Madrid, 24/03/2015

24 mar 2015

Nos quieren reeducar en Sociales y Matemáticas con un curriculum muy ególatra


Entre lo que nos enseñan y lo que han de aprender nuestros hijos aumentan diariamente las contradicciones. A pesar de las bondades de que se revisten las vísperas electorales.

Pasa, todo pasa y lo nuestro es pasar. Por eso nunca logramos aprender del todo. La vida es aprendizaje y los tiempos que nos tocan están llenos de motivos para seguir aprendiendo, o desaprendiendo. En esto consiste la capacidad de aprender constantemente. Porque, una de dos, o aprendemos o nos hacen aprender: de tanto practicismo sorpresivo como nos enseñan, como nos descuidemos nos educan.


Aquí están los 70 años de paz que, según la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT), corresponde celebrar ahora; dicen que dentro de un programa europeo conmemorativo del final de la Segunda Guerra Mundial. El problema surge cuando la inscripción se reduce a “70 años de paz”, sin alusión alguna a Europa como no sea que tenemos en la mano 200 euros. Con la efigie del actual rey Felipe VI en el anverso, suena extraño. Y por muchos equilibrios que se quieran hacer con el cómputo cuantitativo de esa probable paz europea, no será fácil de aceptar por todos los actualmente llamados europeos. No pocos conflictos armados ha habido durante este período en distintas zonas hoy consideradas Europa, y habrán de hacerse igualmente un gran paréntesis conceptual a la llamada “Guerra fría”, severísima en muchos territorios. Más difícil es, todavía, aceptar ese constructo desde España que, cuando el núcleo originario de la Comunidad Europea disfrutaba “30 gloriosos” años de prosperidad social, vivía bien lejos de participar de ella.
Esta España nuestra ya tuvo una ficción de paz en torno a los que oficialmente se llamaron “25 años de paz” en 1964, para darle una vuelco interpretativo a lo que había sido victoria de una España sobre otra y todavía quedaba un tiempo largo de represión para llegar a una reconciliación mínima en torno a la Constitución de 1978. Pero ni siquiera ahora puede decirse que hayamos sido capaces de una pacífica armonía interpretativa que dé satisfacción a todos y menos a los que fueron víctimas de entonces. Ahí tenemos pendientes, por ejemplo, las demandas que en este momento tienen planteadas muchos, desde abril de 2010, en la llamada “querella argentina” . O, también, algo bastante más sencillo de satisfacer, pero no satisfecho, a cuantos quedan de los deportados a los campos de exterminio nazis –asunto crucial en la posible conmemoración de los 70 años de este programa numismático europeo-. Estos republicanos nunca han tenido reconocimiento oficial por parte de España, aunque en Francia hayan empezado hace poco a tenerlo –en París especialmente, honrando a sus liberadores de La Nueve- , y ahora mismo acaben de ser laureados con la Legión de honor.
Notorio es que, de siempre, las conmemoraciones tienen más de alusión interpretativa a las preocupaciones interesadas del presente que de reconstrucción del conocimiento histórico de lo ocurrido. Las explicaciones que dan en la FNMT o no son nada creíbles o resultan excesivamente seguidistas respecto a lo que les hayan indicado en Bruselas. Visto desde el valor de la Historia en el currículum educativo de nuestros hijos, sólo contribuye a una amnesia intolerante y nada educativa para cuantos europeos quieran ser conscientes de su pasado y no intenten repetirlo en lo que tiene de perverso. Por muy loable que sea la intención de tener un relato compartido, lejos está todavía una historia común europea cuando ni siquiera dentro de España somos capaces de sostenerla. Desafortunadamente, además, a medida que la crisis ha aumentado la distancia entre los países de la Unión -disipando o cuarteando cada vez más el estado de bienestar que siguió al “Plan Beveridge” en su núcleo fuerte-, más lejana parece la ciudadanía común.

Sumar y restar eran, por su parte, operaciones aritméticas que nos inculcaban, con ardor musical, desde la más tierna infancia, con un consenso más aceptado que el de la Historia. En general, solía haber concordancia entre lo que la parca experiencia infantil atestiguaba y cuanto nos enseñaban aquellos maestros con la Aritmética razonada de Dalmau-Carles. Últimamente, sin embargo, empezamos a tener serias dudas de lo aprendido entonces: en lo que vivimos y nos publicitan los medios a diario, la escueta aritmética no obedece a la lógica pitagórica, sino a la estratagema interpretativa del “a lo mejor” y a la no menos aleatoria teoría conspiranoica del “depende”. Ya fue muy inquietante que el propio ministro de Educación y su secretaria de Estado hayan confundido al personal con aquello de que 3+2 era mejor que 4+1. El cómputo aritmético –tan necesario para las cosas de comer- acaba de ser elevado a levitación interpretativa gracias a la eminente Agencia Tributaria. A su entender, darle dineros a un partido –especialmente si el beneficiado te sostiene en el cargo- es como una obra de caridad. La comparación con los donativos a Cáritas es altamente significativa; y lo de que así los niños pobres puedan comer, toda una declaración de principios aritmético-morales, muy acordes con la buena didáctica matemática al más puro estilo Antiguo Régimen.
 
El asunto sube de tono, en todo caso, aleccionados acerca del camino de deterioroo, porque aunque si -aun prescindiendo de las puertas giratorias en que algunos de estos egregios mandamases se atascan entre proclamas de transparencia- se entra en las operaciones de sumandos y sustraendos a considerar, un verdadero galimatías que permite entender las dificultades que tendría la encuesta PISA si se aplicara a estos gestores ministeriales, teóricamente los más competentes en cuanto a numerario. Por algo el juez Ruz tendrá que decidir, porque “se esfuerzan poco” en respaldar la presunta objetividad incontestable de las matemáticas contables. Y algo parecido sucede a muchos profesionales de la Banca, como ejemplifica el IVIE, en colaboración con el BBVA. Acaban de establecer un ranking de las universidades españolas contraviniendo el principio fundamental de que los considerandos operativos han de ser de la misma naturaleza y no tan sólo parecidos o semejantes –con amplios márgenes de disimilitud-. Pese a lo cual, ni así logran tumbar valores esenciales de la universidad pública. De momento, claro, porque aunque no todo pueda ponerse en la misma balanza del todo vale con tal de sacar beneficio, Naomí Klein ya nos aleccionó (No logo) acerca del camino de deterioro que suele seguir a este tipo de estudios tan dudosamente “objetivos”.
Dejá vu, por otro lado. En la etapa de Esperanza Aguirre en el Ministerio de Educación ya vivimos de qué iba su “gran debate sobre la calidad de la enseñanza” de que empezó a revestirse tan pronto (El País, 14/05/1996, pg. 29). La abuela ahorradora -que en sus años al frente de la Comunidad de Madrid se ha gastado en autobombo institucional más de 200 millones de euros- tuvo buen cuidado de mimar las evaluaciones del sistema educativo para que favorecieran su inclinación afectiva hacia las privatizaciones. José Luis García Garrido, al que había nombrado en junio de 1996 para dirigir el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) -y que acababa de evaluar la Secundaria-, fue poco proclive a defender la posición de la ministra y, en julio de 1998, cesó en el puesto “a petición propia para reincorporarse a sus tareas habituales en la UNED” –como dice su currículum oficial-. Y así hemos llegado el colmo ahora, cuando en virtud de operaciones matemáticas confusas los sumandos y minuendos manejados por Granados en la gestión “púnica” de los conciertos educativos, han puesto rostro operativo a muchos de los gestos valorativos de Fígar y su equipo en pro de la “excelencia educativa”. Tan distintiva la han dejado que muchos de los paganos, al enterarse de los destinos de su dinero ya reclaman una consultoría sobre lo mucho que se ha concertado estos años, mientras se desasistía a la enseñanza pública. Igual que hicieron en Sanidad, otro territorio propicio para confusos dividendos favorables a unos pocos -como ahora mismo están poniendo en evidencia las últimas noticias sobre pruebas clínicas. O lo mismo que no cesan de hacer cuando hablan de “recuperación”, sin contar a quienes no les han llegado ni probablemente les llegará los efluvios de tan alegres matemáticas sociopolíticas, tan contrarias a lo que vemos en la calle.

El currículum educativo de lo social está cambiado: se hace más circense, como prueba el gestualismo falaz de muchos dirigentes políticos en demasiadas decisiones ajenas a lo que necesitamos de continuo. De cómo burlar sus trucos de lenguaje y de cómo no perderse entre las palabras bajo las que se esconden, también hay, afortunadamente, contraejemplos estimulantes. “Pan, trabajo, techo y dignidad” son reclamaciones -fáciles de entender- que harán en Madrid las Marchas de la Dignidad el próximo 22M. Y algo similar repetirán los estudiantes dos días más tarde, pidiendo que la educación no sea rebajada en cuanto a exigencias de cercanía y verdad para todos los ciudadanos. Es una pelea que viene de lejos. Como Violeta Parra (1917-1967) que, en los duros años sesenta, cantaba: “Miren cómo nos hablan de libertad /cuando de ella nos privan en realidad./ Miren cómo pregonan tranquilidad/ cuando nos atormenta la autoridad”. Y proseguía:  Qué dirá el Santo padre/ que vive en Roma,/ que le están degollando/ a sus palomas”. En el Vaticano, el actual Papa Francisco parece que haya optado por enterarse. Muchos, sin embargo, de los que nos quieren gobernar –con apariencia de fieles, pero poco inclinados a la fraternidad- parecen no enterarse, ocupados como están en su hipócrita pedagogía competitiva. De los ciudadanos dependerá, y no poco, que o bien se consolida esta cínica línea educativa o bien se modifica hacia un currículum más democrático.


TEMAS: Currículum oculto, Reproducción social, Pedagogía social, “Plan Beveridge”, FNMT, Naomí Klein, García Garrido, Esperanza Aguirre, Lucía Fígar, Francisco José Granados, Papa Francisco, Marchas de la Dignidad, Huelga de Estudiantes.



Manuel Menor Currás
Madrid, 20/03/2015

14 mar 2015

A súa educación...elíxela ti


Vísperas electorales: vuelve el populismo de la libre elección de centro como señuelo apto para el olvido. Como si nada hubiera pasado y todo fuera tan ricamente.

A medida que nos acerquemos a las fechas electorales –no por las elecciones, sino por algunos procesos judiciales que se encabalgan-, iremos sabiendo un poco más de las estrechas relaciones que puede haber entre lo público y lo privado dentro del capitalismo extractivo. Ya saben, la detracción de recursos por parte de nuestros mejores emprendedores, quienes a base de invocar el bien público han engordado sus bolsillos particulares convirtiendo al Estado en aprovisionador de sus iniciativas y haciendo de la política un dominio propicio para sus peculiares capacidades. En Educación, Comunidades como la de Madrid –con el respaldo gubernamental- ya disponen de ejemplos dignos de estudio sistemático –el de “La Púnica” es particularmente pedagógico- para cuantos aspiren en este momento, mediante algún máster singular, hacerse con las claves estratégicas de un exitoso posicionamiento. Su consolidada estructura roza la excelencia por la cantidad de ingredientes que lo conforman.

Los terrenos son una sólida base primordial: los centros educativos, en sus diversos niveles y calidades, necesitan espacio y, a ser posible, bien situado en zonas ya urbanizadas o en proceso de avanzada urbanización. Cuando ya las vías de la construcción empezaban a dar síntomas de extraños, los más avezados empezaron a otear el mundo educativo como tierra prometida para la prolongación de sus actividades. Muchas de las zonas de expansión de los nuevos barrios tenían espacios dotacionales apropiados para combinar experiencia constructiva y nueva división del negocio. Mejor imposible si se lograban cesiones más o menos gratuitas o, cuando menos, a muy bajo coste respecto al mercado. De este modo, nuestros más egregios neoliberales emprendieron maniobras –el “tamayazo” fue en junio de 2003- para que la Administración pertinente les echara una mano en el desarrollo de su “iniciativa privada” o su “iniciativa social” –de ambos modos la han llamado- a fin de constituir plataformas apropiadas para impartir “enseñanzas de calidad”. Un Informe de FETE-UGT acaba de revelar que, de este modo, entre 2000 y 2013 se han destinado más de millón y medio de metros cuadrados para este tipo de centros. Es importante señalar –como venían denunciando sistemáticamente también otros sindicatos- que no ha sido impedimento que el suelo en cuestión estuviera destinado a educación pública o que, incluso, el alcalde de alguna localidad hubiera pedido en esos años construir un Instituto público, porque lo que se ha implantado en su lugar, ha sido un colegio concertado: sucedió, por ejemplo, en El Boalo.

Las condiciones ideales de este negocio, es lo que los alumnos de estos másteres de excelencia han de captar bien. No es fácil ni está al alcance de cualquiera, hacerse con unas parcelas de ese cariz, prácticamente regaladas o, en todo caso, cedidas a largo plazo por un canon irrisorio. El citado informe de UGT, sin embargo, muestra un mapa con 82 parcelas de este género, que la Comunidad de Madrid ha entregado a diversas entidades para la construcción de colegios que, en prácticamente su totalidad, son privados o concertados. Del estudio de este mapa cabe deducir, no sólo la localización más apta para este tipo de negocio –siempre próxima a alguna zona densamente poblada y más bien de clase media, y que esté alejada de toda Escuela o IES público-, sino también su superficie ideal. Alguna hay de 89.000 metros cuadrados y, más frecuentes, las que rondan los 30.000. No está mal: un campo de fútbol reglamentario puede andar entre los 90 y 120 de largo por 45 a 90 de ancho, de modo que el promedio de los de nuestra Liga tienen en torno a 5.000 metros cuadrados. Y no es menos interesante observar que, sin que se sepa muy bien la diferencia, algunos de estos terrenos muy bien ubicados han sido vendidos a sus actuales propietarios mientras otros han sido adjudicados por una módica compensación anual. Muy conocido es el caso de un Colegio de las Madres Mercedarias, en Tres Cantos, entregado a razón de 14 euros el metro cuadrado cuando –según UGT- estaba valorado en 700.

El posicionamiento es indispensable para estos asuntos: hay que arrimarse a una buena sombra. No todo el mundo está en disposición de ser ni parecerse a algunos de los nombres o entidades como las que se citan en este mapa: Arturo Fernández, las Madres Mercedarias, el Arzobispado de Madrid, el ventrílocuo José Luis Moreno, un sobrino de María Dolores de Cospedal. Nombres a los que habría que añadir bastantes otros aparecidos a lo largo de estos años, donde destacan las empresas de enseñanza de Florentino Pérez y otros colonizadores de carácter religioso más o menos reciente como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación o los Kikos, amén de cuantos ya tienen tradición en este terreno, algunos muy arraigada y, otros/as, desde que en Francia la enseñanza se hiciera eminentemente laica en 1904 (IIIª República). No todo posible candidato a cobijarse bajo buena sombra puede entrar de lleno en tales entidades -ellas tienen sus particulares formas de captación de miembros cooperantes y son celosas de su selección-, pero si se tiene dinero suficiente, siempre puede uno cursar específicamente un máster como el de “Liderago, Gobierno y Gestión pública”, del IADG, donde podrá codearse no sólo con José María Aznar sino también con muy destacados empresarios del IBEX-35. En todo caso, es de particular relieve reconocer cuáles sean las competencias más apropiadas a desarrollar para meterse en este beneficioso campo de acción social y… educativa.

Granados y Fígar, dos personas muy destacadas del entorno de Esperanza Aguirre –actual candidata a la Alcaldía de Madrid por el PP-, ofrecen, cada una a su manera, los estilos para saber moverse en la dirección adecuada si uno decide meterse en este tipo de iniciativas con doble cara, privadísima y “socialísima”. El primero es en este momento demasiado conocido en su juego con los colegios concertados y privados. Una pena, porque lo tenía bastante bien montado y, este pasado día 11, nos acabamos de enterar de que se estaba llevando entre 900.000 y 1.200.000 euros por cada uno de los cuatro colegios que había promovido como concertados en la Comunidad con su socio Marjaliza. Para entender mejor el papel actual de Fígar y su ejemplaridad particular, es muy de agradecer la doctrina que ya dejó sentada -en agosto de 2011- en un encuentro en Rímini con miembros de Comunión y Liberación, probablemente como testimonio de buena compenetración con sus oyentes, disponible para seguir la sana doctrina neoconservadora. Allí sintetizó la importancia de tener alguien bien situado en la Administración para tomar decisiones –o ser uno mismo quien decida- para “mejorar el panorama de la educación en centros de gestión privada con fondos públicos”, a la par que la satisfacción por haber ido ampliando este tipo de centros que “puedan llevar adelante sus propios proyectos educativos con la ayuda y el soporte de los fondos públicos”, cuando ya había facilitado la apertura de “79 centros nuevos de este tipo”, habiéndoles solucionado previamente el “problema del terreno”. Sinceramente confesaba: “hemos ofrecido estos lugares gratuitamente a organizaciones religiosas, cooperativas y otras estructuras para que crearan centros sostenidos con fondos públicos pero con gestión privada”. Podía haber confesado, igualmente, el meditado programa de desatención que estaba fraguando contra la educación pública y sus profesionales o sus nulas iniciativas para innovar la metodología de trabajo de estos. Hoy cabe preguntarle, además, si, para que un colegio sea bueno, basta con decir –como repite su propaganda- que es bilingüe sin ni siquiera evaluar si lo que se está haciendo es realmente educativo o una manera más de segregación. ¿Podría explicar también esta contratación exprés de becarios a que se acaba de apuntar, después de haber despedido -contando sólo el personal de los CEIPS- a 2.500 interinos?

Su educación la eliges tú” es, sin embargo, uno de los eslóganes electoralistas que estos días invade Madrid en vallas y cuñas publicitarias de diversa duración. Un pretexto, también, para aclararse –a la luz de todo lo anterior- acerca de asuntos cruciales que complican la vida de los ciudadanos inútilmente. El empeño de muchos políticos en ganarse el voto dándole al palo de “la distinción”, en vez de explicarnos si su gestión del dinero público ha sido transparente y se ha traducido en cuidada atención a una escuela de todos y para todos, ha conducido a una situación cada vez más gravosa para la mayoría social y privilegiada para unos pocos. Zonas hay ya en Madrid -como Pozuelo o Boadilla-, donde no es milagro alguno que los alumnos matriculados en la privada sean bastantes más que en la pública, como destacaba Luis Gómez el pasado día cinco en El País y, a este paso, después de que la LOMCE consagrara la legalidad de la subvención por sexos (84.3) y que la iniciativa privada pudiera consagrarse como “demanda social” en cuanto a centros educativos (art. 109.2), pronto tendremos varias Españas con certificación programada. Ya tenemos muchas maneras de interpretar el artículo 27 de la Constitución. Sólo falta que ahora nos creamos que de nosotros –de todos nosotros- depende esto de la libertad de elegir centro; que esta libertad de elegir que se pregona es posible a todos los ciudadanos y, por tanto, que, si te equivocas es tu problema, claro, y que la Administración no tiene nada que ver en tus posibles yerros.
Mientras lo discutimos, un grupo específico bien trabado se apropia del espacio y los presupuestos de todos, y otro, considerablemente mayor, es gradualmente excluido hacia una creciente precariedad, como advierte Bernardo Secchi en La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres (Ed. La Catarata, 2015). La educación que están construyendo los ricos o los que se sienten como tales -la finca particular que están creando dentro de España- es crecientemente “distinguida”, muy propicia para la fragmentación social. Cabe preguntarse si la ventajosa captación de talentos emprendedores que tan vacuamente se está defendiendo y la estrecha colaboración institucional que propugnan los ejemplos más conspicuos de corrupción que cada día conocemos más, seguirá dándose a partir de las siguientes elecciones. Si eres votante, tú sí que decides.

TEMAS: Operación Púnica, Granados, Fígar, Privada-Pública, FETE-UGT, CCOO, Bernardo Secchi, Art. 27 Constitución, LOMCE, Becarios, Encuentro de Rímini.
Manuel Menor Currás
Madrid, 12/03/2015

9 mar 2015

Nesta universidade, tres máis dous non é o mesmo ca catro máis un

 

Wert acelera e confunde cantidade con calidade. Cun recorte adicional de mil millóns, a súa reforma nin beneficia á Universidade nin á maioría das familias.


Ángel Gabilondo dixo en Valencia, o pasado día 28, que lle gustaba “máis un sistema que non impida, por razóns económicas e sociais, que alguén poida completar os seus estudos”. Candidato a presidir a Comunidade de Madrid, aproveitaba para defender a educación pública e engadir que unha maior equidade desta pasaba pola súa gratuidade desde os dous anos. Estamos en período electoral de longa duración e os anceios prometedores han de tomarse con cautela, aínda que no caso do catedrático da Autónoma veñen precedidos de apertura aos consensos.


A ampliación por abaixo da gratuidade do sistema é preocupación de moitos expertos desde hai bastantes anos e, de xeito evidente, unha das medidas máis democratizadoras. Comprobada está a súa rendibilidade sociocultural: a posibilidade de desenvolver as competencias lingüísticas e de socialización é sensiblemente máis alta con esa experiencia temperá. Todo pasa, desde logo, por entender que a Infantil é etapa educativa e non meramente asistencial, como a miúdo adoita verse nas chamadas “guarderías” nas súas variadas versións de aparcamento de cativos, sucedáneo barato da “conciliación familiar”. Desde os anos oitenta, temos moi bos especialistas en “Educación Infantil”. Os seus informes, demandas e boas prácticas -ea miúdo desatendidas polas Administracións- resaltan sempre o avance cualitativo que supoñería para o sistema educativo español unha implementación adecuada desta fase de gratuidade que moitos prefiren de cero a seis anos.

Xa son máis as voces de candidatos ás próximas eleccións que, dun ou outro modo, reivindican esa ampliación. Pero foi tamén moi atractivo oír de novo en público a alguén con probabilidade de influír nas políticas educativas, pronunciándose por un “sistema que non impida, por razóns económicas e sociais, que alguén poida completar estudos”. Nestes anos pasados, na práctica estívose vendo o contrario. Nos oídos temos, ben recente aínda, á Sra. Gomendio explicando a “insustentabiliade” do sistema universitario español e que, en razón diso, o seu acceso debería quedar a mercede da aleatoria dispoñibilidade económica dos candidatos. Razón pola cal a secretaria de Estado non tardou moito en recibir réplicas de todo tipo -incluída unha folga e a convocatoria doutra máis consistente para o 24 de marzo próximo- por parte dos que sofren o seu arbitrismo ordenancista. Ademais de limitar o acceso á Universidade co incremento das taxas e a redución da contía das becas, recortaron os seus orzamentos e as contrataciones de profesorado drasticamente: advertíao hai pouco CCOO no seu Informe sobre a evolución dos orzamentos das universidades, 2010-2014. Só en Madrid, perdéronse 1243 profesores nestes tres anos, o orzamento caeu 249 millóns e xa a metade do persoal residual ten máis de 50 anos cando só foi reposto o 10% dos xubilados. O seu peculiar coidado do sistema universitario público infrinxiulle un grave deterioro -con derivacións aínda difíciles de precisar- á súa calidade e, neste momento de concesións “sociais” electoralistas, aceleraron máis a súa reforma.


O máis oído nesta lexislatura


O común dos cidadáns segue tendo que soportar un adusto e desagradable trato dos asuntos educativos por parte dos seus responsables, moi afastado do que acaba de dicir Gabilondo. Logo da tan controvertida LOMCE, a preferente atención á Universidade volveu a expresar unha decidida inclinación cara ao elitismo. Deste cariz é un conxunto de medidas últimas, ben acollidas por moi poucos, que tratan de facer tragar a todos por Decreto -a fume de carozo e no tramo final da lexislatura- un modelo moi distinto do que houbo ata agora e que implica unha reforma profunda. Flexibilízase con el -de modo máis ou menos voluntario, de momento- que os estudos de grado e posgrao cambien a súa estrutura temporal. A aínda recente organización adoptada en 2009 para cumprir as esixencias do EEES -comúnmente denominada “Plan Bolonia”-, modificaríase de novo, sen avaliación seria do que dean de si as innovacións metodolóxicas propugnadas entón, nin de a mellora que poida supoñer que a formación abarcase 4 anos de Grado máis 1 de Máster especializado, estritamente profesionalizador. Agora, poderíase optar por unha distribución distinta, diminuíndo o Grado a 3 anos e aumentando o Máster a 2. A proposta, aparentemente inocua, ademais de deixar intactos os principais problemas universitarios que deberían abordarse, altera a fondo o funcionamento xeral do sistema e, sobre todo, o gran valor que veu aportando a Universidade pública á sociedade.


Das razóns invocadas para esta proposta precipitada de cambio, a máis consistente é a do aforro, pero no seu sentido menos democrático. É o Estado -e non as familias- quen se aforraría co 3x2 un ano de subvención presupuestaria á Universidade. A achega familiar, en cambio, deberá medrar de xeito elevado e para moitos imposible logo dos incrementos xa habidos estes anos. O motivo reside en que os créditos dos másteres son, como promedio, dobremente custosos que os de grado e, tamén, que, dada a precaria situación laboral pola que un de cada dous mozos está en paro, son practicamente obrigados para ter expectativa de emprego. Por outra banda, non se ha de esquecer tampouco que desenvolver estas titulaciones de posgrao, especialmente as máis adaptadas a perfís laborais moi específicos, foi máis fácil para entidades privadas. E a súa cantidade creceu de xeito desorbitado e sen máis avaliación exterior dispoñible que a do boca a boca nun libérrimo mercado como o que pode verse estes días na 22ª edición de Aula. De todo o cal cabe deducir que este Decreto veu a incrementar o fame na casa do pobre, sen que por ningún lado apareza -como non sexa impoñer deste xeito outro recorte á Universidade pública, que CCOO cifra en torno aos mil millóns deeuros-, senón unha razón moi dudosamente convincente, pois non só diminuirá o número de alumnos que poidan desenvolver o currículum apropiado para ter éxito na demanda de emprego, senón tamén -e drásticamente- o número de titulacións e profesores universitarios viables.

Máis censitarismo e menos igualdade de acceso

Con este Decreto chove, pois, sobre mollado. Nin sequera é leal dicir que o sistema 4x1 escolleito por España é unha rareza no ámbito europeo?. Isto non pasa de media verdade, separadamente de que cada país ha de seguir soberanamente o modelo que mellor se adapte á súa historia e características concretas, darlle estabilidade e fortalecerlo como ben social que é. Meterse neste proceso de reforma cando apenas se teñen datos fiables de como han ir estes seis anos con moi mediocres orzamentos, e sen que sequera o plan Bolonia se teña implantado do todo- é indicio de pouca seriedade e de que as razóns verdadeiras están, máis ben, nesa perspectiva de elitismo antiigualitario do coñecemento, limitador do acceso ás profesións subseguintes. Algo moi parecido ao que sucedía co voto a mediados do século XIX, ou coa longa espera que tiveron que sufrir as mulleres, ata a R.O. de 08/03/1910, para poder acceder sen trabas ás titulaciones universitarias. De proseguir con esta dinámica, o conxunto de sinrazóns e medias verdades alegadas só contribuirá a empeorar as cousas: con tal precipitación e un pretexto tan fútil, os grados pronto serán equivalentes aos antigos bachareleratos. Fixar, ademais, o horizonte primordial dos estudos universitarios en torno á pura retórica da empregabilidade e invocar nese contexto a “mobilidade e a internacionalización”, non pasa de epidérmica superficialidade que non toca ningún verdadeiro problema da Universidade española, na que, ademais, a mobilidad realmente difícil que se vai a provocar -polo menos a curto prazo- será a dos estudantes españois dentro do seu propio país. Se de que saian ao exterior se trata, cos nosos máis de 400.000 mozos migrantes xa existentes -entre eles, moitos dos mellor preparados- xa cumpririamos sobradamente...


Bienvenido sexa, pois, o novo aire que transpiran as recentes palabras de Gabilondo! Nos meses que seguen, poderán oírse de xeito similar, ou máis contundente aínda, outras dos que aspiran a rexenerar o panorama político e educativo. Que ninguén -por razóns económicas ou sociais- quede fóra das aspiracións máis altas do saber, é un bo horizonte para un necesario cambio de aires.

TEMAS: Decreto de flexibilización de Graos e Másteres, Reforma universitaria, Recortes de Bolsas, Aumento de taxas académicas, Plan Bolonia, LOMCE, Educación infantil, Gabilondo, CCOO, Gomendio, Wert.

Manuel Menor Currás
Madrid 02/03/2015

3 mar 2015

O estado da nación reflexa perfectamente o estado da Educación


A sesión parlamentaria do 24 e 25 de febreiro, foi pródiga en mensaxes educativas, máis aló das leves mencións explícitas que o estado do sistema educativo produciu.


Se o estado da nación dependese da preocupación directamente mostrada polos asuntos educativos, pronto cabería dicir calquera cousa, ata que estabamos en estado de coma. A representación dos actores principais no gran escenario da Carreira de San Xerónimo non incluíu prácticamente referencia ningunha, salvo un desplante do personaxe antagónico (Pedro Sánchez) que, moi no seu papel, acumulou así algo máis de traxedia á enumeración de reiterados despropósitos destes anos pasados. O protagonista da peza (Mariano Rajoy), para soster no seu parlamento a atención de comparsas e público do atrezzo, non cesara en entonar laudes á súa propia dirección de escena en todo ese tempo. En verdade, tan longa era a serie de asuntos que afearlle ao ensimesmado actor principal, que a mención ao educativo por parte do primeirizo oponente ao seu estilo de facer quedou entreverada con moitas outras nun impaciente listado de Caderno de queixas, como unha máis que -se os fados fosen propicios-, xa se vería de cambiar. Supostamente, o primeiro a remover sería o ministro do ramo (Wert), que ao ser aludido puxo cara de falso asombro -similar ás que, naquel tramo crítico, foron poñendo outros colegas do reparto entre displicentes e irónicos- polo que deberon estimar desconsideración aos seus afáns. E tamén haberían de modificarse medidas e xestos, ata derrogar plans enteiros destes anos. Esta especie de damnatio memoriae moi á romana -ou, sen ir tan lonxe, moi asentada no tradicional xeito de atender aos problemas educativos neste país-, viña dar cumprimento, de momento verbal, á promesa feita no curso pasado polo mixiriqueiro coro oponente (PSOE) cando, logo de ver como se aprobaba a recente LOMCE, conxurouse con outras voces sociais para finiquitala tan axiña que como fose posible (1). En verdade, xa que logo, non pode dicirse que en razón do abertamente dito polos de momento principais actores da solemne representación no Parlamento, nos aclarasemos sobre o estado da Educación, é dicir, de como funciona actualmente este sistema. Máis ben nos quedamos en branco e, se diso dependese, o diagnóstico do estado da nación sería moi endeble.


Un silencio sonoro


Cabe entender, con todo, que -como na música- tamén o silencio conta e moito. Esta case absoluta falta de mención forma parte dun longa partitura sinfónica coa que garda gran coherencia. Este silencio nos últimos compases de lexislatura permite interpretar a discordancia do mozo antagonista fronte aos sons emitidos polo actor principal e o seu coro (PP). E tamén axuda a comprender o seguidismo explícito deste conxunto -en este e outros moitos escenarios de representación (no Parlamento estatal e nas Asembleas autonómicas)-, cara a músicas que se empeñaron en tocar mentres puideron e que, ademais, lles gustaría seguir tocando en solitario aínda que ninguén máis ousase arrimarse aos seus destemplados modos de facelo. Aí están, e ben recentes, os seus refinados desacordes respecto de a Universidade: o compás 3x2 gústalles máis que o 4x1 (2). Ou que as cancións universitarias tal como se cantan lles resuslten “insustentables”? (3), como dixo unha das compositoras elixidas para esta ópera algo traxicómica, Montserrat Gomendio, ao parecer especialista noutro tempo en primates. Pintoresca ao invocar agora os custos ambientais que poderían acabar coa diversidade universitaria, os seus reiterados desvelos neste sentido viñeron suscitando na rúa moi outras estrondosas melodías de conxuntos musicais replicantes. A sintonía coas novas melodías establecidas respecto de becas e taxas (4) resultáballes tan clásica e antiga coma se quixese impoñer os sons da última glaciación. A Wert, Gomendio e os seus mestres cantores non lles importa que estoutras músicas da rúa queiran contrarrestar as súas do pasado victorioso, tan impolutas e selectas. Ninguneáronas este 25 e 26 de febreiro, cando os máis novos cantaron baixo as súas fiestras da rúa de Alcalá desgarradas protestas fronte a reactívaa sustentabilidade do prehistórico. En marzo, na seguinte convocatoria de discordancias xuvenís, é moi probable que volvan repetir similar autismo, defensivo da exclusiva das súas melodías. Queren seguir tocando eles sos porque a súa música é a mellor e que as outras músicas se cansen de non alcanzar protagonismo. Deste xeito, pois, o silencio case absoluto con que non se falou de educación estes días pasados foi moi sonoro, a máis diso profundamente discordante co que soa na rúa: nin o libreto nin as melodías son acordes.

Soada foi igualmente, e non precisamente indicativa de “boa educación”, a estentórea algarabía que mostraron as distintas orquestas e coros presentes na Cámara baixa. Nada edificante para a cidadanía foi o alboroto mostrado cando os oradores principais se intercambian os so de regulamento: difícil debeu ser oírse cando cada cal ao seu estilo trataba de rebaixar os impromptus rotundos do outro. Nin nos recitados coincidían e provocaban estridencias nos coros contrarios. Á marxe das normas de boa conduta, os desplantes e descalificacións abundaron e esa especie de bordón deixou un exemplo pouco edificante ao resto da cidadanía. Un desagradable desconcerto, pragado de reproches, abundante en ruídos distorsionadores, distractores artiluxios electrónicos e desabridas entonacións con deixe tabernario. Sobrado estivo, así mesmo, de afán por que non se empañara un relato argumental melodramático con final feliz, o dun país que, ao parecer, viñese dun duro transo crítico pero que xa estaba en fase de total recuperación, con futuro brillante grazas a excelsos timoneis.


Os músicos de Bremen


Polo visto e oído estes días pasados, a Educación como tal non mereceu excesiva atención como non fose para ratificar que debería derrogarse o que se fixo estes anos -sen que se saiba ben ata onde deba chegar tal alternativa- . destacaron máis as formas de debate elixidas, proclives a traspasar rápidamente a linde do bo civismo a pouco que se rozase o honroso orgullo dos falantes. Uns por ter pouco que perder, e outros por pánico a excesivas reticencias dos insatisfeitos cos seus solipsistas programas. A sensación didáctica que deixaron trala desconcertada representación dos pasados 24 e 25 é que, se o estado da nación se medise exclusivamente polo que pareceu mostrarse en torno á Educación, a situación sería moi preocupante. A serena racionalidade serena apareceu pouco na escena e só a anacos foi posible relacionar o acecido no escenario co que realmente estivese sucedendo no país, bastante próximo ao dramático en demasiados aspectos.


Ao final, o debate -entre musical e paremiolóxico- pareceu resolverse entre O flautista de Hamelin e Os músicos de Bremen: os Irmáns Grimm estarían contentos polo persistente interese que seguen tendo as súas recopilacións de contos. O destes días no Congreso recorda en exceso a intérpretes candidatos ao primeiro, entusiasmados, cada un, por arrastrar tras si tan só aos seus, e pouco consolo produce que o CIS cualifique un pouco mellor ao debutante antagonista (5). Os cidadáns do común parece que estean optando significativamente por cambiar e -ante o persistente risco de silencio aos seus problemas- moverse para que poidan ser escoitadas decentemente músicas máis consoladoras. De momento, algo do medo á soidade en que os músicos de Bremen deixaron á súa cidade xa puido percibirse nos concertistas do Congreso, e non meramente de esguello (6). Ata novembro ou decembro é moi posible que siga crecendo esta tendencia catártica e que , ao seu compás, poida oírse mellor qué se necesita en Educación para que o estado da nación sexa máis san e que todos os cidadáns teñan visibilidade no seu Estado. Agora mesmo, ao entrar en marzo, os retos para falar e cantar máis claro e directo sobre o que interesa de verdade -e non tan só aos máis privilexiados-, xa se moven intensamente nas ondas e nas redes, fóra do hemiciclo. Aínda que pouco se sabe aínda sobre de se a retórica en torno á excelsitude da Educación acabará atopando ao fin unha sustentabilidade sintáctica máis democrática.


  1. http://www.elconfidencial.com/espana/2015-02-27/el-cis-da-a-pedro-sanchez-ganador-del-debate-del-estado-de-la-nacion-por-7-decimas_719609/
(6) http://politica.elpais.com/politica/2015/02/25/actualidad/1424892076_623246.html


TEMAS: Estado da nación, Sistema educativo, LOMCE, Wert, Gomendio, Rajoy, Pedro Sánchez, Partidos emerxentes, Reformas universitarias, Folga de estudantes.

Manuel Menor Currás
Madrid, 26/02/2015